
Por fin había terminado el intenso día de trabajo. Estaba deseando llegar a casa, darse un baño caliente y pasar la noche con su marido. Pero, como iba siendo costumbre, otra vez un post-it pegado en la puerta del frigorífico daba al traste con sus planes: “Esta noche estoy de guardia y acaban de llamarme por un accidente de tráfico. Voy para el hospital. No me esperes para cenar. Lo siento. Te quiero”.
Desde que se habían cambiado de ciudad, sus horarios laborales eran tan incompatibles que no conseguían tener muchos ratos para estar juntos y, los raros días en que sí lo hacían, estaban tan cansados que terminaban rendidos en cuanto se sentaban en el sofá o nada más entrar en el dormitorio.
Intentando calmarse, y que se le pasara un poco el enfado, marcó el número de teléfono que se sabía de memoria y que tanta ayuda le había brindado desde que se mudaron. El teléfono del único hombre que le hizo replantearse si era correcto casarse con su actual marido o si, por el contrario, estaba desperdiciando su juventud y su vida. Ahora, ese otro hombre, el primo de su marido, era el mejor amigo, el único que ella había encontrado en ese nuevo lugar y, por tanto, era su mayor apoyo.
Ya habían pasado más de cinco años desde ese día en el que se vieron por primera vez, cuando estaba preparando su boda y… ¡habían cambiado tantas cosas desde entonces! Ahora, ella también era su prima y él la trataba como tal. La etapa de coqueteos adolescentes había quedado atrás, cuando ella aún era soltera. Desde que volvieron de la luna de miel, su actitud había cambiado. Era como si hubiese madurado de la noche a la mañana y hubiera entendido que no podía meterse en medio de la relación que su primo mantenía con su ya mujer. Sobre todo, después de la clara elección que ella había tomado.
Intentando calmarse, y que se le pasara un poco el enfado, marcó el número de teléfono que se sabía de memoria y que tanta ayuda le había brindado desde que se mudaron. El teléfono del único hombre que le hizo replantearse si era correcto casarse con su actual marido o si, por el contrario, estaba desperdiciando su juventud y su vida. Ahora, ese otro hombre, el primo de su marido, era el mejor amigo, el único que ella había encontrado en ese nuevo lugar y, por tanto, era su mayor apoyo.
Ya habían pasado más de cinco años desde ese día en el que se vieron por primera vez, cuando estaba preparando su boda y… ¡habían cambiado tantas cosas desde entonces! Ahora, ella también era su prima y él la trataba como tal. La etapa de coqueteos adolescentes había quedado atrás, cuando ella aún era soltera. Desde que volvieron de la luna de miel, su actitud había cambiado. Era como si hubiese madurado de la noche a la mañana y hubiera entendido que no podía meterse en medio de la relación que su primo mantenía con su ya mujer. Sobre todo, después de la clara elección que ella había tomado.
Ahora estaban ahí los dos, como viejos amigos. Él había accedido encantado a cenar en su casa y no desaprovechar así la comida que ella preparó antes de ir a su revisión.
“¿Revisión?, ¿no estarás enferma?”, preguntó él, claramente preocupado. El sonido de las llaves abriendo la puerta interrumpió la contestación de la chica. “No, no estoy enferma”. Se volvió a mirar a su marido: “Estoy embarazada”...

