sábado 6 de febrero de 2010

21 RAZONES PARA SER FELIZ

- Porque estar de Erasmus es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida

- Porque estoy en la época adecuada para ser capaz de quererme más

- Porque por fin me siento orgullosa de mí misma

- Porque he conseguido conocerme mejor

- Porque las malas experiencias han hecho que me haga más fuerte

- Porque estoy aprendiendo poco a poco a ser menos cobarde en muchos aspectos

- Porque he comprendido que no todos somos iguales y que hay que ser más tolerante

- Porque estoy consiguiendo aceptar mis defectos e intentar corregirlos

- Porque he descubierto que tengo virtudes que nunca hubiera imaginado

- Porque la distancia ha hecho que me percate de lo que de verdad merece la pena

- Porque tengo algo más claro lo que quiero conseguir en un futuro no muy lejano

- Porque intento aprender de los errores y no lamentarme tanto por el pasado

- Porque quiero disfrutar al máximo del presente

- Porque sé mejor con qué gente puedo contar realmente y para qué

- Porque cada persona que estoy conociendo me aporta algo distinto

- Porque ya no me lamento tanto por los que ya no forman parte de mi vida

- Porque he aprendido que hace daño quien puede y no quien quiere

- Porque he visto que una puñalada te puede llegar de quien menos esperas. Pero también, quien menos esperas, te puede demostrar lo mucho que vale

- Porque he conseguido que mis seres queridos se sientan orgullosos de mí

- Porque celebro mi cumpleaños en un nuevo entorno

- Porque la gente que me acompaña, aunque ha entrado en mi vida hace poco tiempo, es como si formaran parte de ella desde siempre


lunes 18 de enero de 2010

EL MIEDO

“No es malo tener miedo; pero no podemos permitir que el miedo gobierne nuestra vida porque, si lo hacemos, dejamos de tener vida y pasamos, únicamente, a tener miedo”. Esta frase la oí hace algún tiempo en alguna película o serie de la tele y me hizo pensar.

Muchas veces dejamos que el miedo nos paralice y no nos deje seguir hacia delante. Dejamos que el miedo nos ciegue y no nos permita ver que existen otras cosas esperándonos, otras cosas buenas que están a punto de suceder para compensarnos por las malas. El miedo, en ocasiones, no nos deja darnos cuenta de que no siempre vamos a tropezar en la misma piedra. Que no todo lo malo de este mundo nos tiene que pasar a nosotros. Que no todo el mundo es tan rastrero como esas personas que nos han hecho daño. Y es que muchas veces somos como ese niño que tiene como mayor diversión subirse a un árbol hasta que un día se cae y, por el susto y por el daño que se hace, decide no volver a hacerlo.

Hay que despertar a la realidad y darnos cuenta de que nuestra vida es un constante viaje en un tren. En dicho viaje hay muchas paradas donde tienen que bajar algunas de las personas que tenemos a nuestro lado. Pero, por suerte, nuevas caras suben las escalerillas para ocupar algunos de los asientos vacíos. A veces, también, ciertas partes del tren están a oscuras y no apreciamos a primera vista que en esas zonas también existe gente. Gente a la que consigues ver gracias a que un movimiento accidental los delata o gente que, a lo mejor, se queda escondida para aparecer como súper héroes a tu rescate cuando de verdad los necesites. Una vez que lo hagan, se quedarán a tu lado hasta el final del viaje, pase lo que pase.

Ya sé que no es fácil. Nadie dijo que lo fuera. Pero, al fin y al cabo, en eso consiste la vida. John Lennon dijo una vez que la vida es aquello que te ocurre mientras estás ocupado haciendo otros planes. Y tenía razón. Mientras nos ocupamos en conseguir respuestas, en pensar sobre lo que queremos para nuestro futuro, en dudar sobre si esos a quienes consideras tus amigos de verdad te quieren... la vida pasa. Y estamos tan ocupados pensando en otras cosas que no podemos disfrutar de las cosas buenas que estamos viviendo. Y no puedes dejar nunca que un suceso aislado negativo pueda acabar con tantísimos detalles y vivencias positivas. Este es tu momento. Aprovéchalo junto a las personas que de verdad merecen la pena.

lunes 14 de diciembre de 2009

ZAKOPANE: DESPEDIDA ANTES DE NAVIDAD

Ya ha pasado mi último fin de semana del año 2009 en Polonia. Pensar en ello hace que sienta un poco de añoranza ante la idea de que el tiempo pasa demasiado deprisa cuando estás viviendo experiencias inolvidables. Pronto terminará mi Erasmus. Mientras que muchos de mis amigos se quedan aquí todo el curso, yo acabo mis 'estudios Erasmus' en menos de 3 meses... en mucho menos. Y, encima, las vacaciones de Navidad me acortan mi tiempo en Polonia. No, me niego a pensar en el futuro porque, si lo hago, no puedo disfrutar del presente. Y eso es lo último que quiero.


Este fin de semana he estado en la nieve. Una nieve que plagaba la ciudad polaca de Zakopane. El viernes, cuando llegamos, comenzó a nevar tímidamente, de forma que por la noche tan sólo había una capa de hielo que hacía que nos resbaláramos y que nos costó unas cuantas caídas al suelo entre risas y empujones. El sábado, sin embargo, todo era ya blanco. Mientras andábamos, sentíamos el crujir de la nieve en las plantas de nuestras botas de pre-esquí. Ya no nos resbalábamos: ahora nos quedábamos pegados en el suelo como si se tratasen de arenas movedizas ya que, con cada paso, se enterraban nuestros pies unos cuantos centímetros. El domingo, algunos decidieron tirarse en trineo. Subimos a la montaña a disfrutar de ese paisaje tan inmaculado. Tan frío. Y tan especial.

Ha sido un gran fin de semana. El mejor que podía tener antes de volver a Murcia durante dos semanas. Dos semanas que se me van a hacer interminables porque voy a echar tanto de menos esto... Pero no pienso en ello. No quiero pensar en ello. Prefiero pensar que van a ser dos semanas en las que me voy a reencontrar con mis seres queridos, con mi tierra y con las comodidades de estar en casa de nuevo. En menos que canta un gallo estaré de nuevo aquí, con mi frío, mi nieve, mis compañeros y/o amigos Erasmus, con mis fiestas, con mis clases en inglés. Ahora tan sólo me queda disfrutar de estos tres días que me quedan antes de regresar. Te voy a echar tanto de menos, Wroclaw... no te puedes hacer ni una idea.

lunes 7 de diciembre de 2009

EL PERRO DEL HORTELANO

En estos momentos me gustaría hablar con Lope de Vega para preguntarle qué le inspiró a realizar esta obra, si sabía que su creación no se quedaría tan sólo en una historia más dentro del teatro español ni en un dicho que muchos a veces repetimos sin pararnos a pensar detenidamente en el significado que encierra.

“Eres como el perro del hortelano. Ni comes ni dejas comer”. ¿Cuántas veces habremos dicho o nos habrán dicho ese refrán? ¿En cuántas situaciones diferentes podrá ser empleado? ¿Y hasta qué punto esto es verdad?

Sí, siempre alguna vez somos y seremos el perro del hortelano. Tenemos noticias de alguien de quien no sabíamos hace tiempo y descubrimos que su vida está mucho mejor que la última vez que lo vimos. Un antiguo amor, por ejemplo, ha rehecho su vida con otra persona diferente y descubres, sin que te haga mucha gracia, que no es algo que te alegre demasiado. ¿Por qué te molesta? No pueden ser celos, porque hace años que te olvidaste hasta de la existencia de dicha persona; y tampoco puede ser envidia, porque tu vida incluso está mucho mejor que la suya. ¿Entonces? ¿Qué turbios sentimientos son los que te atormentan?

Puede que volver a saber de esa persona te haga pensar en el pasado y que te obligue a replantearte muchas cosas. ¿Hice bien en elegir este camino y desechar este otro? ¿Cómo hubiese sido mi vida si hubiera pensado en ese momento de otra manera? ¿Si ahora se me volviera a plantear la opción de elegir qué sería lo que haría?

Sí, definitivamente todos somos como el perro del hortelano. No comemos ni dejamos comer porque la comida, si se queda en el plato, siempre podremos usarla cuando nos apetezca pero si nos la quitan, nuestra oportunidad de comer pasará de largo para siempre.

miércoles 18 de noviembre de 2009

LA CIUDAD DE 'LA RUTA DE LOS DUENDES'

Wroclaw (más conocida en castellano como Breslavia) es una región situada al suroeste de Polonia. Su fama no se debe solamente a ser la cuarta ciudad más grande del país ni a albergar una importante universidad. Tampoco se debe a que los más de 50 puentes que unen las pequeñas islas de distintos estilos consigan que se la conozca popularmente como ‘la Venecia de Polonia’. Una divertida tradición, que apenas cuenta con una década de tiempo, la convierte en una ciudad especial. La ruta de los duendes es un acontecimiento que a todo el mundo le gusta realizar siempre y cuando se quede el suficiente tiempo en la ciudad como para poder hacerla.

Los pequeños duendes de bronce que se encuentran, en su mayoría, en el casco antiguo de Wroclaw, se han consolidado como un símbolo de la ciudad. Todos los turistas que llegan y se enteran de esta ‘curiosa plaga’ se quieren unir al juego de encontrarlos a todos. El problema es que, aunque ya existen mapas que puedes comprar por tan sólo 6 zlotys (aproximadamente 1 euro y medio) y que te indican dónde se hallan 30 de dichos duendes, es imposible localizarlos en su totalidad. Y es que, la velocidad con que brotan dichas esculturas impide saber el número exacto de duendes que salpican las calles de esta enigmática ciudad polaca.

ORIGEN HISTÓRICO DE ESTA TRADICIÓN

La Alternativa Naranja fue un movimiento contestatario (famoso en los años 80) que surgió como protesta, forzosamente tímida pero imaginativa, contra la declaración de la ley marcial en Polonia y el absolutismo comunista. Cientos de ciudadanos se manifestaban paseando su muda reclamación de democracia, vestidos con ropa de color naranja y teniendo como símbolo un duende.

El periodo de ley marcial en Polonia (1981-1983) tuvo lugar cuando el gobierno de la República Democrática restringió drásticamente la vida normal. La frase en polaco es “Stan Wojenny” (“estado de guerra”). Aunque el país permaneció en paz durante este periodo, los movimientos democráticos fueron prohibidos y sus líderes, encarcelados. La ley marcial fue la causa de un gran número de muertes. Sus responsables hablaron de una docena de víctimas mortales aproximadamente, pero una comisión parlamentaria entre 1989 y 1991 arrojó unas estadísticas de unas 90 muertes. La ley marcial tuvo también consecuencias económicas negativas. Fue establecida una “reforma económica” que se sumó a un gran aumento de precios, como resultado de que los ingresos de la población cayesen considerablemente. Tras la caída del comunismo en Polonia en 1989, se determinó que la ley marcial había sido declarada en una clara violación de la constitución polaca. Por todo ello, no sorprende en absoluto que esta dinámica capital haya hecho de los duendes su ejemplo y estandarte.

Wroclaw, en recuerdo y homenaje a aquel movimiento anticomunista, ha salpicado su geografía con estos minúsculos monumentos.

martes 10 de noviembre de 2009

TE DESEO… ODIAR

Odio que me trates como si no hubiese pasado nada delante de la gente.
Odio que no seas capaz de hablar conmigo del tema.
Odio que finjas que no te importa.
Odio no poder odiarte.

Desearía poder odiar cada vez que te veo.
Desearía poder odiar cada vez que nuestras miradas se cruzan.
Desearía poder odiar cada vez que noto cómo me miras cuando crees que no te veo.
Desearía poder odiar cada vez que te pones nervioso cuando, sin querer, nos quedamos el uno junto al otro.



Desearía dejar de desearte
Desearía poder odiarte

miércoles 4 de noviembre de 2009

NOCHE BLANCA

3 de noviembre. 11 de la noche. Me informan de que se ha puesto a nevar. ¿Nevar?. ¿Seguro que no es agua-nieve unicamente?. No, Lau, no. Estamos a -2ºC. ¡Por supuesto que está nevando!. Asómate al balcón y lo verás.

Y yo, obediente, abro la ventana, aún a riesgo de morir congelada. Congelada como el agua que veo volar por el aire. Saco la mano un segundo y compruebo que cae a ella cinco puntitos blancos.

Emocionados, bajamos a la calle, creyendo que ya podremos jugar con la nieve y hacer muñequitos. Pero la lluvia es escasa. Y en el suelo la nieve no llega a cuajar todavía. Muerta de frío, subo corriendo de nuevo a mi habitación. Otro día será. Sobre todo, viviendo en Wroclaw.

Pasan las horas y se hacen las 4 de la mañana. Y me levanto para correr la transparente cortina. ¡Cómo si sirviese de algo!. En el último momento me detengo. El paisaje es totalmente diferente al que antes había visto. Mejor dicho, diferente a todo lo que yo he visto en mi vida. Es lo que tiene vivir en una ciudad tan calurosa como Murcia. La repisa del balcón se ha vuelto blanca, los coches están cubiertos por una gruesa capa de nieve y la carretera se ha vuelto bicolor...