Querido hermano mío:
Sólo querría expresarte, por medio de estas palabras, el profundo afecto y amor que siento hacia ti o, por lo menos, parte de él, ya que ésto se demuestra con hechos.
Me gustaría darte las gracias por ser mi hermano, por formar parte de mí, por quererme como sé que me quieres (porque, como ya he dicho anteriormente, los hechos son los que demuestran el cariño). Tus miradas, tus sonrisas, tus gestos... me hacen entender tu forma de comunicarte, ya que no sabes hacerlo con palabras.
También me gustaría pedirte perdón por los momentos en que la angustia y la desesperación han hecho que me enfade contigo, cuando en realidad tú eres la gran víctima de todo lo que te está pasando. Sólo necesitas que te demostremos que estamos a tu lado y que nunca te vamos a fallar. Lo mismo que haces tú, que no soportas vernos llorar e intentas limpiarnos las lágrimas, como si te sintieras culpable... ¿cómo puedes pensar eso?. Tú, el gran inocente y el niño de mi corazón.
La vida te ha jugado una mala pasada... nos ha jugado una gran mala pasada, pero yo sé que en el fondo eres feliz, porque se te ilumina la cara cada vez que alguien te abraza y te da besos, porque sabes que eres un trocito de pan que sólo merece el cariño de la gente. Yo, como buena creyente, sé que cuando dentro de muchísimos años tengamos que rendirle cuentas a Dios, él te convertirá en el ángel más querido y admirado por todos. Mientras tanto, soy yo la que te ve así, por lo orgullosa que estoy de tener un hermano como tú.
