"Todos los LUNES compartiendo mis sueños y pensamientos contigo"
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miércoles, 8 de diciembre de 2010

COMIENZOS DE UNA ¿FUTURA ESTRELLA?


“De Padua”. Siempre soñó con llegar a ser futbolista y ser conocido como tal. Ver a un chiquillo que no levantaba dos palmos del suelo diciendo eso, era una situación cómica que divertía a sus seres queridos, conocidos y allegados. Pero él nunca dejó de soñar. Y ese sueño se convirtió en esfuerzo, ganas y trabajo. Por eso, a los cuatro años empezó en CD Imperio Albolote (Granada), jugando en los entrenamientos sólo un minuto: “en esos momentos no podía pedir más, ya que los menores de cinco años no pueden jugar”.


Pero eso sólo fueron los comienzos. Dos años después, con apenas seis años, se apuntó en una escuela del CD Imperio Albolote y empezó a destacar marcando cuatro, seis y hasta siete goles por partido. Hace dos años, cuando él tenía nueve, comenzó a jugar en un equipo “más serio” que competía en Liga, recorriendo algunos pueblos de Granada. “Fue a partir del año pasado cuando ya empecé a jugar muy en serio, siendo en algunos partidos titular y habiendo marcado 15 goles al terminar la Liga”. ¿Y este año? Pues ya es titular en todas las jornadas y ha logrado superar su propio record, con 21 goles. Y eso que sólo han jugado ocho partidos. Esto lo convierte en el líder indiscutible en el ranking de goleadores de jugadores alevines de la provincia de Granada.

Antonio de Padua Martínez Ballesta es un niño de 11 años que nació en Granada y vive en El Chaparral, una pedanía del pueblo granadino Albolote. Actualmente, disfruta jugando como delantero centro en el mismo equipo en el que comenzó sus andanzas, sólo que el año pasado el equipo cambió de nombre debido a las deudas y ahora el equipo es “Albolote Soccer Aldi”. “Conseguimos ganar la Liga y ascender de segunda provincial a primera provincial; pero este año nos hemos mantenido en segunda porque el cambio de directiva nos obligó a tener que empezar de cero”.

Pero segunda provincial se le queda pequeño. Incluso su entrenador se lo ha dicho en varias ocasiones. Y esto hizo que los entrenadores de la categoría A lo llamaran el año pasado hasta en tres ocasiones para que jugara un partido: “la primera vez no pude porque nevó; la segunda estaba de viaje y no me avisaron con tiempo; la tercera vez, por fin, pude jugar, pero yo tenía nueve años y los demás eran mucho más grandes y mayores porque tenían 13 años”. (...)

Aunque en su habitación tiene pósters de muchos jugadores como Villa y Cristiano Ronaldo (a quien le copia el peinado) reconoce que su verdadero referente deportista y futbolero es Raúl, quien fuera jugador del Real Madrid durante gran parte de su carrera. “Raúl es noble, buenísimo como futbolista y no presume de ello. Sé que algunos lo critican, pero lo hacen los que no lo conocen bien porque yo creo que es buena persona y, aunque la edad lo dice todo y cuando tienes más de 30 años en el fútbol ya eres viejo, él es bueno y su trayectoria también”.


En un futuro, aspira a poder jugar en 1ª División: “aunque soy del Real Madrid, me encantaría poder jugar en cualquier equipo de primera división: el Málaga… o el que sea. Aunque si en un futuro consigo jugar en el Granada, sería otro gran sueño cumplido”. Para conseguir todos sus objetivos, espera mejorar… y sabe que puede. Aunque sus sueños deportistas no le hacen vivir en la luna, y sabe que necesita tener un futuro asegurado: desea estudiar traumatología o fisioterapia para seguir relacionado con el mundo del deporte.

martes, 15 de septiembre de 2009

LA MONTAÑA RUSA

Estamos en la feria. Te sientes como un niño pequeño estando conmigo. Tan sólo hay que mirarte para darse cuenta. Estás feliz. Al igual que yo. ¡Estamos tan a gusto juntos!. Parece mentira que hayamos podido estar tantos años sin conocernos. Intento recordar mi vida antes de la primera vez que nuestros caminos se cruzaron y no puedo. O, a lo mejor, es que no quiero.

Decido que nos subamos a la montaña rusa. La idea te asusta, porque siempre has intentado evitar las atracciones más ‘peligrosas’. Y lo habías conseguido hasta hoy. No has querido decirme que no porque ves el brillo de mis ojos ante el deseo de descargar la adrenalina en esa montaña. Y, por eso, optas por armarte de valor para concederme el gusto.

En solamente minuto y medio que dura el recorrido nuestras vidas dan un giro de 180 grados. Al igual que nuestros cuerpos subidos en el aparato. Tu valentía ya se ha agotado o, en realidad, puede que haya llegado a su punto álgido; por eso, sin pararte a pensar ni un solo segundo, me gritas: “no me gustaría morirme sin que sepas lo mucho que te quiero”.

En esos momentos, me siento mareada. Necesito bajar. Necesito “saber que el suelo sigue aquí bajo mis pies”. Pensar que no ha sido el mejor momento para ponerme a recordar la letra de una canción me hace gracia. Y tengo ganas de llorar. Y de reír. Y de gritar. Y de dar saltos de alegría. No estoy segura de haber oído lo que realmente has dicho, lo que tanto tiempo he soñado que me dijeras y lo que tanto tiempo llevo sintiendo por ti y nunca me había atrevido a confesarte.

Bajamos de la montaña rusa e intento descubrir en tu cara que lo que me has gritado ha ocurrido de verdad. Observo que estás cabizbajo, sin atreverte a mirarme a los ojos, evitando a toda costa que nuestras miradas se crucen. Al final, sin poder soportar ni un segundo más la incertidumbre, tartamudeando un poco, consigo reunir las palabras para formar la pregunta: “¿es verdad lo que me has dicho en la atracción?”. Me miras y ves en la expresión de mi cara lo que quiero que contestes. La pregunta sólo tiene dos posibles respuestas y notas en mi mirada expectante cuál es la que quiero escuchar.

Satisfecho, relajado y contento sonríes y me besas. En esos momentos, deseo poder congelar el tiempo y quedarnos siempre así, unidos como imanes, sin pensar en nada más. Sin preocuparnos por el mundo que nos rodea. Solamente existiendo tu y yo en un mundo nuevo creado por nosotros dos.