"Todos los LUNES compartiendo mis sueños y pensamientos contigo"
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miércoles, 29 de febrero de 2012

CARTA A UN EX (con el estilo de Tom Wolfe)

Querido ex amor:

Te escribo esta carta porque quiero que sepas que ya no te guardo rencor, ocurrieron muchas cosas entre nosotros que es mejor olvidar… pero también vivimos experiencias inolvidables y nos amamos intensamente como si estuviésemos diagnosticados de enfermedad terminal y fueran los últimos meses de nuestra vida… Siete meses mágicos e intensos que nunca olvidaré, pero de los que tampoco me arrepiento de haberles puesto fin. Tú por tu lado y yo por el mío... Estamos mucho mejor así porque somos demasiado diferentes como para poder seguir juntos. Es como intentar mezclar aceite y agua…. ¡im-po-siiiiiiii-ble!

Bum-bum, bum-bum, bum-bum… mi corazón palpita dislocado únicamente recordando el momento en el que nos conocimos, cuando un amigo en común nos presentó.

-¿Estudias periodismo? –me preguntaste-. A mí me hubiera gustado hacer esa profesión. Me encanta el boxeo y, por eso, tengo un blog donde escribo crónicas de veladas.

-Aaaaaah, ¿¡en seeeeeeriooo!? –te contesté, sorprendida-. Pues, sí, estoy terminando la carrera de Periodismo y me vuelve loca. Estoy aprendiendo mucho y hacemos muchas prácticas… podría pasarme toda la noche hablando del Periodismo.

Nuestro primer encuentro quedó ahí… Ya no volvimos a saber nada el uno del otro... Pero meses después volvimos a encontrarnos y recuerdo que te enfadaste porque yo no me acordaba de ti… (“Yo, sin embargo, no te he olvidado. Aún me acuerdo, incluso, de que llevabas un vestido azul”)… ¡Ufff! El simple hecho de que me reconocieras eso hizo que me subieran los colores rápidamente a la cara. Tuviste que darte cuenta y, por eso, empezaste a hacerte el interesante. Así que cambiaste tu táctica de seducción y entonces, a pesar de admitir que te gusté desde ese día, comenzaste a mostrarte distante conmigo…. ¡Incluso eras grosero en algunas contestaciones que me dabas! –aunque no podías engañarme… sabía que tarde o temprano volverías a mostrarme tu verdadera cara y que te lanzarías a besarme.

Ahora estamos en tu coche (¡Vruum!, ¡vruum!), doblamos la curva (brummmmmm-mmmm…) y ya hemos llegado a la autovía. Siempre te gustó sorprenderme y llevarme a mil sitios diferentes: la playa, un pueblecito perdido donde estuviéramos los dos solos, un restaurante exótico… nos encantaba hacer cosas juntos… Siempre que teníamos tiempo libre, nos llamábamos o nos mandábamos un mensaje para planificar nuestro próximo encuentro… ¡Éramos tan felices!

Toc-toc, toc-toc… Llaman a la puerta y el ruido hace que me despierte. Mientras me dormí estuve soñando con el pasado que compartimos juntos… A veces lo echo de menos (snif, snif)… pero únicamente a veces.

FDO. La persona que más te amó en este mundo.

P.D. Esta carta te la dedico a ti… Es mi declaración de lo mucho que has significando para mí. Has sido el gran amor de mi joven y corta vida, el más importante (por el momento)… pero es mejor que esto nunca llegue a tu poder y que no vuelvas a saber nada más de mí (el pasado es mejor dejarlo tal y como está…).

sábado, 11 de octubre de 2008

A ORILLAS DEL RÍO PIEDRA ME SENTÉ Y LLORÉ

El sábado pasado, dando una vueltecita por Fnac, ví este libro de Paulo Coelho y decidí comprármelo. Esta tarde se me ocurrió empezar a leérmelo y... ya me lo estoy acabando, porque su historia me tiene enganchada y cautivada. Por eso, me gustaría compartir con todos vosotros uno de los fragmentos que más me han gustado:



-Te quiero dar algo-dijo él, entregándome una bolsita roja.
La abrí inmediatamente. Dentro había una medalla vieja y oxidada, con Nuestra Señora de las Gracias en un lado y el Sagrado Corazón de Jesús en el otro.
-Era tuya-dijo al ver mi cara de sorpresa.
Mi corazón empezó de nuevo a dar señales de alarma.
-Un día de otoño como éste, cuando teníamos unos diez años, me senté contigo en la plaza que tiene el roble grande. Yo quería decir algo que había ensayado durante semanas. En cuanto comencé, me dijiste qe habías perdido la medalla en la ermita de San Saturio, y me pediste que fuera a buscarla.
Yo me acordaba. Dios mío, claro que me acordaba.
-Logré encontrarla-prosiguió. Pero cuando regresé a la plaza ya no tenía coraje para decir lo que había ensayado. Entonces me prometí que sólo te entregaría la medalla cuando pudiese terminar la frase que había comenzado a decir aquel día, hace casi veinte años. Durante mucho tiempo intenté olvidar, pero la frase seguía presente. No puedo vivir más con ella.
Dejó el café. Encendió un cigarrillo y se quedó un largo rato mirando la punta. Finalmente se volvió hacia mí.
Es una frase muy sencilla-dijo-. TE QUIERO.