"Todos los LUNES compartiendo mis sueños y pensamientos contigo"
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miércoles, 15 de julio de 2009

DÉJÀ VU

Nunca me había ocurrido algo así. O, al menos, nunca hasta este punto. No había nada que hiciera presagiar que esto fuera especial, fuera de lo corriente o diferente, de tal forma que la ficción se convirtiera en realidad. No había ninguna pista que hiciese presagiar que mi historia inventada fuese a suceder casi de la misma manera en la que se había materializado en mi medio sueño.

Las vacaciones dan para mucho: tienes tiempo para descansar, para pasarlo bien con los amigos, para estar con la familia… pero, sobre todo, tienes mucho tiempo para pensar, para imaginarte cosas y para inventarte historias. Hay que ejercitar la mente sin parar para que no se oxide. Y una de las cosas que siempre me ha caracterizado es mi gusto por inventar historias. De niña me tragaba con mi abuela todos los culebrones de la tele y, como todos sabemos, en estas series pasa todo lo inimaginable. Puede que eso sea otro de los motivos que me llevó a mi gusto por escribir. Con el tiempo, mi abuela murió y yo ya no vi motivo alguno para seguir viendo telenovelas, pero mi interés por inventar historias (algunas las plasmaba en papel y otras, sin embargo, no salían de mi cabeza) siguió latente en mí.

Pero esta historia… una historia inocente que comenzó para matar el aburrimiento mientras estaba tumbada sobre la arena de la playa y que incluso se metió por la noche en mis sueños, no se quedó en una simple invención. Días después se iban sucediendo diversos acontecimientos que desembocaron en que gran parte de esa historia se cumpliese. Todo era tan increíble que tardé bastante en pensar: “¿de qué me suena todo esto?, ¿no es algo que ya he vivido?”. Y mientras me hacía para mí misma estás preguntas, venía a mi mente mi relato, y una mezcla de asombro y desconcierto se apoderaba de mí.

Sí, los déjà vu existen.

sábado, 31 de enero de 2009

SUEÑO


Me despierto sobresaltada. Un ruido de la calle me ha hecho dar un bote. Mientras intento sobreponerme, recuerdo que estaba en mitad de un sueño. Cierro los ojos para intentar revivirlo pero es inútil. Mientras voy a la cocina a por un vaso de agua, poco a poco me vienen algunas imágenes dispersas, como si fuese el tráiler de una película. Se me escapa una sonrisa. Al final resulta que era un sueño hermoso y no una pesadilla. Me acuesto de nuevo en la cama y oculto mi cabeza con la almohada, intentando así no olvidar el sueño o incluso seguir soñando, para saber lo que iba a ocurrir a continuación...

Veo de nuevo el mar, con sus aguas cristalinas y relajantes, el ruido de las olas rompiendo en la orilla, esa arena fina que se escapa entre los dedos cuando intentas cogerla. Miro alrededor, para intentar identificar el lugar en el que me encuentro: pero sólo está la playa, la arena que se pierde en el horizonte... al igual que el mar. La brisa me azota en la cara y puedo respirar profundamente. Noto como una fuerza invisible me arrastra suavemente hacia la orilla y hace que me meta en el agua. La ropa mojada se hace cada vez más pesada y me empuja hacia el fondo; pero no siento agobio. Acabo de darme cuenta de que esa fuerza no era tan invisible como pensaba en un primer momento.

Sorprendentemente, consigo retomar el sueño, pero prefiero no contarlo porque, si lo hago, no se cumple.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

EL SUEÑO AMERICANO

Es la respuesta pronunciada por los jóvenes y los ancianos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, indígenas, homosexuales, heterosexuales, discapacitados o no discapacitados. Estadounidenses que transmitieron al mundo el mensaje de que nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de estados rojos y estados azules. (Barack Obama)


A las 7 de la mañana mi madre no pudo más. Me despertó emocionada diciéndome: “Lauri, a las 10 de la noche en EEUU, 5 de la mañana en España, he podido ver algo que siempre soñé y que nunca imaginé llegara a suceder. ¡Estados Unidos tiene un Presidente negro!. ¡Obama ha ganado!”. Muerta de sueño logré balbucear con una sonrisa: “¿Si?, ¿ya se sabe?”. “Sí, me contestó ella, y lo mejor es que me ha gustado el discurso de McCain. Allí sí hay ganador y perdedor, y el perdedor lo asume. No es como en España que, en la noche electoral, todos han ganado”. Se ha ido despacio de mi lado, como comprendiendo que aún era temprano, porque hoy no tenía clases, y no estaba preparada para escucharla con claridad.
Ella, una mujer de cuarenta y tantos años, siguió, allá por el año 1.979 -como un alto porcentaje de españoles de su época-, la serie de RTVE “Raíces” (Roots), basada en la novela del mismo título de Alex Haley. La historia narra la vida de varias generaciones de una familia: desde la captura, en Gambia, de Kunta Kinte, por unos negreros que lo llevan en barco hasta América donde es vendido como esclavo -hombre rebelde hasta el final de sus días, que nunca quiso renunciar a su nombre-, hasta llegar a su descendiente Gallo George, ciudadano negro libre en Estados Unidos.
Fue tan impactante para ella que sólo pensó, desde ese momento, que le gustaría ver con sus propios ojos lo que ha sucedido esta madrugada…
A Obama, en su primer discurso como Presidente electo, no se le veía feliz. Se notaba en su rostro la enorme responsabilidad que pesa, desde hoy, sobre sus espaldas. Era una alegría contenida. Se encuentra un país, primera potencia mundial, bajo mínimos; con tres guerras abiertas –Irak y Afganistán-, y la crisis. Los problemas son muchos: paro, sanidad, educación. Tiene que hacer una lista de prioridades y habrá gente a la que decepcione, “porque el camino será lento y empinado”; pero su victoria ha sido, por lo general, bien recibida por la comunidad internacional y él tendió la mano a todos (a excepción, por supuesto de “aquellos que derrumbarían al mundo: os vamos a vencer”). Todos tendrán que arrimar el hombro, y sufrir para salir adelante… (¿y nosotros?).
Había necesidad de un cambio. El cambio empieza a partir de hoy.
No olvidemos algo: todos somos parte de este planeta, nuestro destino es compartido. No lo destruyamos.