"Todos los LUNES compartiendo mis sueños y pensamientos contigo"
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miércoles, 15 de julio de 2009

DÉJÀ VU

Nunca me había ocurrido algo así. O, al menos, nunca hasta este punto. No había nada que hiciera presagiar que esto fuera especial, fuera de lo corriente o diferente, de tal forma que la ficción se convirtiera en realidad. No había ninguna pista que hiciese presagiar que mi historia inventada fuese a suceder casi de la misma manera en la que se había materializado en mi medio sueño.

Las vacaciones dan para mucho: tienes tiempo para descansar, para pasarlo bien con los amigos, para estar con la familia… pero, sobre todo, tienes mucho tiempo para pensar, para imaginarte cosas y para inventarte historias. Hay que ejercitar la mente sin parar para que no se oxide. Y una de las cosas que siempre me ha caracterizado es mi gusto por inventar historias. De niña me tragaba con mi abuela todos los culebrones de la tele y, como todos sabemos, en estas series pasa todo lo inimaginable. Puede que eso sea otro de los motivos que me llevó a mi gusto por escribir. Con el tiempo, mi abuela murió y yo ya no vi motivo alguno para seguir viendo telenovelas, pero mi interés por inventar historias (algunas las plasmaba en papel y otras, sin embargo, no salían de mi cabeza) siguió latente en mí.

Pero esta historia… una historia inocente que comenzó para matar el aburrimiento mientras estaba tumbada sobre la arena de la playa y que incluso se metió por la noche en mis sueños, no se quedó en una simple invención. Días después se iban sucediendo diversos acontecimientos que desembocaron en que gran parte de esa historia se cumpliese. Todo era tan increíble que tardé bastante en pensar: “¿de qué me suena todo esto?, ¿no es algo que ya he vivido?”. Y mientras me hacía para mí misma estás preguntas, venía a mi mente mi relato, y una mezcla de asombro y desconcierto se apoderaba de mí.

Sí, los déjà vu existen.

miércoles, 10 de junio de 2009

IMAGINACIÓN

Cosas irreales suceden a tu alrededor. Mezclas personas en lugares y situaciones muy dispares y extrañas. Como si sacaras al príncipe de “Blancanieves” y lo pusieras a pelear junto a “Terminator”. No… ¡¡¡claro que no!!!: demasiado ficticio, no encaja en nuestra visión lógica de las cosas. Y ya no es sólo eso: aparte de que estos dos personajes no vayan unidos, tampoco pueden estar en tu mente (¿piensas en Terminator cuando no has visto ninguna de sus pelis? ¿Y en el príncipe de Blancanieves cuando ya no tienes edad de pensar en peliculitas de dibujos animados y, encima, cuando sabes que siempre fue el príncipe que menos te gustó? Háztelo mirar pronto).

Pero últimamente parece que tu cabeza se aburre, que no tiene suficiente con sus ocupaciones cotidianas, y le ha dado por imaginar: imaginas mientras duermes y mientras se supone que no duermes… y, en esta segunda opción, a veces se cuelan en tus escenas oníricas una melodía, una banda sonora que intenta conseguir animar un poco tu creación fílmica. Y entonces, mezclas escenas de tu vida real con escenas imaginadas. O, directamente, acontecimientos reales los modificas para que queden mejor en el estilo de película comercial que pretendes hacer. Tendrás que conseguir así que se convierta en éxito de taquilla, ¿no?. Puff, estás jugando con Fuego y no deberías hacerlo… ¡Déjalo sin amigos!.

Ya tienes un pequeño borrador de tu proyecto. Por ello, te sientas en el cine con tu enorme cartón de palomitas en la mano para ver la película dirigida y protagonizada por ti. ¿Crees que gustará a la gente?. ¿A lo mejor aburre un poco?. ¿El argumento no está ya muy visto?. ¿No has introducido nada original que pueda enganchar?...

Pues no sabría qué decirte para no hacerte sentir mal, pero creo que lo mejor que puedes hacer es dejar que las películas que te montas en la cabeza sigan estando ahí. O podrías buscarte otra mejor forma de entretenerte. O, también, deberías dejar de ir tanto al cine si ves que eso te afecta demasiado… perdona, me he tenido que reír. No dejas de sorprenderme. Eres una persona demasiado excéntrica. Quizá eso sea una de las cosas que más me gusten de ti.

sábado, 11 de abril de 2009

CUENTOS DE HADAS

A veces, en momentos de debilidad, seguimos creyendo en cuentos de hadas. La niña que tienes muy escondida todavía en tu interior, dormitando sin parar debido a su larga vida, se despierta para hacerte creer de nuevo en todas esas historias que le fascinaban, esas historias tan diferentes y dispares productos de Disney que siempre tenían la misma estructura: chica guapísima conoce a un caballero andante guapísimo del que termina enamorándose en cuanto lo ve (casualmente, a él le ocurre lo mismo con ella) y los dos terminan viviendo felices y comiendo perdices.

La niña (ay, ¡qué ilusa!, pobrecita) cree en todas esas historias, cree que todo eso puede ocurrirle a ella también… ¿por qué no? piensa mientras va por la calle y ve a esas parejas de jóvenes sentados en un banco dándose abrazos y besos. Algún día esa niña sabe que dejará de jugar al escondite y al pilla-pilla con sus amigos del cole y cree que su príncipe llegará en su caballo a liberarla de su prisión. Vuelvo a repetir: pobrecita. Cómo pudo dejarse engañar todos esos años por estas historias que su mamá o su papá le contaban cuando era la hora de dormir, para que pudiera conciliar el sueño feliz e ilusionada ante la idea de que un día ella sería la protagonista de tan románticas aventuras. Todo se veía tan fácil…

Pero nadie le advirtió con tiempo:

Nadie le dijo que si chico guapísimo se fija en chica guapísima no es precisamente por la belleza interior que desprende y que esas historias superficiales no duran más de dos días

Nadie le dijo que a ese sentimiento no se le llama precisamente amor, porque para amar se necesita algo más que
un baile hasta las 12 de la noche en una fiesta de la realeza o más que un ratito con un chico en el campo mientras cantas “eres tú mi príncipe azul”



Nadie le advirtió de que la felicidad no es un estado eterno y duradero

Nadie le dijo que con amar y ser correspondido no es suficiente

Nadie le advirtió de que es necesario cultivar ese amor día tras día pacientemente para evitar que se muera

Nadie le dijo que existen muchos otros obstáculos que te impedirán estar con el príncipe azul y que no es precisamente la diferencia de estrato social el más complicado

Se creyó al que tuvo la mala leche de decirle “el miedo no existe” al comprobar que no había ningún ser paranormal escondido debajo de su cama o detrás de la cortina

Nunca se paró a pensar que las perdices se te pueden atragantar mientras te las estás comiendo… o que te pueden sentar mal pasado un tiempo.

Esa niñita fue poco a poco perdiendo fuerza y quedó escondida para siempre en un rincón de tu interior; pero ella, insistente, quiso salir de nuevo a la superficie para terminar volviendo a perder. Lo peor (o lo mejor) de todo es que esa niña es inmortal y nunca se cansará de jugar, a pesar de todas las partidas perdidas que ha vivido ya. Ella ha salido derrotada en casi todas sus batallas pero la guerra aún no ha terminado.