
Este fin de semana me ha llegado un evento de Tuenti que trataba sobre la infancia, lo que ha hecho que recuerde esta época tan maravillosa de la que conservo las más gratas vivencias. Y es que, aunque en esos momentos no fuera consciente de ello, fue la etapa más feliz de mi vida.
Teníamos la capacidad de tirarnos horas, horas y horas sin parar, jugando a los más diversos juegos, sin que el cansancio y el aburrimiento formaran parte de nuestro vocabulario. Por supuesto, los juegos eran en la calle y no terminaban hasta que no conseguías caerte y hacerte alguna que otra herida.
Al llegar a casa, tus padres te veían con la ropa llena de porquería hasta arriba y, cuando se disponían a echarte una bronca monumental o a darte algún cachete (sí, antiguamente tus padres podían darte alguna guantada, que tampoco te venía nada mal), enseguida veían tus magulladuras y te recitaban la oración milagrosa por excelencia: “sana sanita, culito de rana, si no sana hoy sanará mañana”.
Además, los chicos tenían que estar con los chicos y las chicas con las chicas. Cómo no, yo tenía que ser la excepción que confirmara la regla: en el colegio, era la única que tenía un grupo de amigos y otro de amigas.
Pensábamos que eso de besarse en la boca era una guarrada que nunca experimentaríamos.
La mayor muestra de cariño que te podía dar la persona que te gustaba era cebarse contigo en la guerra de los globos de agua.
Tus mayores preocupaciones en tu complicada vida era si “fulanito me ha llamado tal cosa” o “menganito me ha pegado” (menos mal que nuestro gran lema defensivo “rebota, rebota y en tu culo explota” nos sacaba de muchos apuros).
Pero la mejor etapa de la infancia fue la final: la pre-adolescencia. 2º de la E.S.O. fue el año de la rebeldía, la época de hacer las mayores trastadas con los mejores amigos, la etapa en la que podías hacer lo que quisieras sin preocuparte de las consecuencias. Te dejabas guiar por los impulsos del momento, ya que no tenías nada que perder. Si hacías algo inapropiado o incluso malo, todos te excusaban diciendo: “Está en la edad del pavo y últimamente lo tiene muy subido”.