"Todos los LUNES compartiendo mis sueños y pensamientos contigo"
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martes, 26 de mayo de 2009

La importancia de los pequeños detalles

Necesitas un descanso. No puedes seguir con la sonrisa falsa más tiempo. Por eso, has decidido no hacerlo más. Por fin, hoy vas a poder ver a un buen amigo y podrás desahogarte.

Lo ves aparecer. Sabes que no hará como los demás. Él no te mirará con cara de pena y compasión para demostrarte con eso su apoyo. Él, simplemente, te dedica una mirada de comprensión. Sus palabras no son necesarias. Ya te lo ha “dicho” todo.
Ahora es cuando normalmente llegaría el momento de explotar y sacar todo lo que llevas dentro; pero en esta ocasión él va a preferir ayudarte de otra manera. Te conoce mejor que nadie y sabe lo que realmente necesitas. Por eso, te coge del brazo y te lleva de paseo, te arrastra por esas calles que ambos conocéis tan bien porque habéis pasado miles y miles de veces por ellas. La situación te parece cómica: “ahora pretenderá hacerme un recorrido turístico por mi propia ciudad” piensas, riéndote para ti misma. Pero pronto dejas de hacerlo. Ya empiezas a comprender.

Comienzas a “descubrir” tu ciudad: ese longevo árbol que se mueve ligeramente por la suave brisa de la noche primaveral, la belleza de la calle mientras se encuentra vacía y sin nada que perturbe su silencio, el brillo del agua de la hermosa fuente donde tu amigo decide que os detengáis. Te deja un par de minutos para que te llenes de paz y tranquilidad y opta por cambiar de tema: los asuntos banales y triviales que lleváis tratando desde que os encontrasteis desaparecen y ahora… él te hace reír. Recordándote cualquier anécdota, haciéndote partícipe de alguna otra que él haya vivido y tú no o imitándote a algún conocido común, consigue que rías y rías sin parar hasta que te duele el costado y hasta que notas cómo los músculos de la cara están demasiado tensos. Y tú te animas y recuerdas alguna otra cosa que impida que vuestras risas cesen.

Al final, te despides de él. Le agradeces en silencio lo que ha hecho por ti. Ha sido tu mejor medicina sin ni siquiera tener que mencionar la enfermedad. No hacía falta.

domingo, 10 de mayo de 2009

TE ECHO DE MENOS

Todos, en algún momento de nuestra vida, echamos de menos a alguien. Normalmente siempre solemos extrañar al menos a una persona: en verano echas de menos a tus amigos del invierno, en invierno extrañas las despreocupaciones y las fiestas de las vacaciones, cuando estás triste necesitas a esa persona que te hace siempre reír o que te da un abrazo de consuelo, vives a mucha distancia de otro amigo que necesita tu apoyo y al que sólo puedes demostrarle que estás ahí a través de un mensaje o de una llamada… siempre hay algo que te impide estar con todas las personas a las que quieres.
Pero peor aún es añorar a alguien a quien ves todos los días, cuando ves que se ríe con otros amigos y tú no estás entre ellos, cuando acude en busca de ayuda y no te llama a ti como lo hubiese hecho antes, cuando de la noche a la mañana parece haber pasado de depender totalmente de ti a ni siquiera acordarse de tu existencia. Echas de menos cuando hablabais y hablabais sin parar de cualquier tontería y las horas parecían minutos, cuando al quedaros en silencio os comunicabais todas esas cosas que necesitabais “oír”, cuando con una simple mirada sabías que te comprendía y te apoyaba, cuando compartíais vuestras alegrías y vuestras penas acompañados a menudo de una buena botella…

Puede que (casi) nada sea para siempre y que tengamos que aprender a pasar página, aunque nos cueste. La vida está llena de caminos y cada uno tenemos que hacer nuestro propio recorrido, dejando a muchas personas atrás pero, también, encontrando a otras muchas unos kilómetros más adelante. Solamente unos cuantos son los que terminan yendo de la mano con nosotros hasta el final.