"Todos los LUNES compartiendo mis sueños y pensamientos contigo"
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martes, 26 de mayo de 2009

La importancia de los pequeños detalles

Necesitas un descanso. No puedes seguir con la sonrisa falsa más tiempo. Por eso, has decidido no hacerlo más. Por fin, hoy vas a poder ver a un buen amigo y podrás desahogarte.

Lo ves aparecer. Sabes que no hará como los demás. Él no te mirará con cara de pena y compasión para demostrarte con eso su apoyo. Él, simplemente, te dedica una mirada de comprensión. Sus palabras no son necesarias. Ya te lo ha “dicho” todo.
Ahora es cuando normalmente llegaría el momento de explotar y sacar todo lo que llevas dentro; pero en esta ocasión él va a preferir ayudarte de otra manera. Te conoce mejor que nadie y sabe lo que realmente necesitas. Por eso, te coge del brazo y te lleva de paseo, te arrastra por esas calles que ambos conocéis tan bien porque habéis pasado miles y miles de veces por ellas. La situación te parece cómica: “ahora pretenderá hacerme un recorrido turístico por mi propia ciudad” piensas, riéndote para ti misma. Pero pronto dejas de hacerlo. Ya empiezas a comprender.

Comienzas a “descubrir” tu ciudad: ese longevo árbol que se mueve ligeramente por la suave brisa de la noche primaveral, la belleza de la calle mientras se encuentra vacía y sin nada que perturbe su silencio, el brillo del agua de la hermosa fuente donde tu amigo decide que os detengáis. Te deja un par de minutos para que te llenes de paz y tranquilidad y opta por cambiar de tema: los asuntos banales y triviales que lleváis tratando desde que os encontrasteis desaparecen y ahora… él te hace reír. Recordándote cualquier anécdota, haciéndote partícipe de alguna otra que él haya vivido y tú no o imitándote a algún conocido común, consigue que rías y rías sin parar hasta que te duele el costado y hasta que notas cómo los músculos de la cara están demasiado tensos. Y tú te animas y recuerdas alguna otra cosa que impida que vuestras risas cesen.

Al final, te despides de él. Le agradeces en silencio lo que ha hecho por ti. Ha sido tu mejor medicina sin ni siquiera tener que mencionar la enfermedad. No hacía falta.

sábado, 28 de febrero de 2009

CORAZAS-BARRERAS-MUROS

Te he descubierto. Te ocultas entre esa coraza, ese rol que te has auto-impuesto para hacerle creer al mundo que te rodea que eres otra persona.

Pero a mí no me engañas. He encontrado el escondite de esa mirada bondadosa, tranquila, sosegada, serena… cariñosa. Yendo de persona dura te has puesto unas barreras que creías impenetrables, imposibles de romper, levantadas para defenderte de cualquier enemigo que intentara terminar con tu farsa y que quisiera exponerte al mundo cruel y sin sentido en el que crees que estamos.


Pero el tiempo ha debilitado tus medidas de seguridad y ahora te muestras como una persona indefensa ante mis ojos. Tu actitud seria y distante ha perdido frente a esa sonrisa que te ilumina la cara y te hace ser una persona completamente nueva. Y esos ojos brillantes que únicamente muestran una sincera preocupación y cariño por tus más allegados. Tu risa, tan desconocida para muchos, ha sonado mientras hablábamos y todo ha sido como un soplo de aire fresco; era una risa contagiosa, pero no podía reírme contigo. Había que disfrutar de esa risa tan preciosa tuya porque no se sabía cuándo volverías a regalármela.

Fuiste capaz de “correr el riesgo” de dejar que tu burbuja infranqueable desapareciera temporalmente para dejarme paso, tan sólo para darnos un alegre y amistoso abrazo que, aunque duró escasos segundos, lo sentí como si hubiese durado una eternidad y lo llevaré siempre conmigo. Todos pensaban que eras una persona fría y sin sentimientos, que no demostrabas ningún tipo de emoción ante nada, pero la realidad era que habías tenido tantos desengaños con la vida que ya no creías tener más fuerzas para enfrentarte a ella.

Pero no todo han sido alegrías… también has llorado. Eso fue en el momento en el que tus defensas estaban más bajas, cuando no aguantabas más la presión de fingir ser quien no eres. Cuando te diste cuenta de que los problemas que te plantea la vida no se solucionan intentando aislarte de ella. Al principio, sólo una lágrima se desbordó de tu ojo izquierdo y fue a parar a tu mejilla; pero terminaste sucumbiendo a la realidad, aprendiste que la vida es demasiado corta como para amargarte encima con comportamientos así, que mostrarse tal y como uno es no significa ser débil.

Descubriste que el amor de los amigos, de la familia, de las parejas… o que cualquier otro tipo de amor sirve para demostrarte que la vida sí que tiene sentido.