"Todos los LUNES compartiendo mis sueños y pensamientos contigo"
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jueves, 1 de noviembre de 2012

ADICCIONES


Algo irrefrenable te impulsa a actuar de ese modo, la razón se nubla y la ansiedad invade tu vida. Todo es calma y paz pero, a la vez, gris y sin brillo. Emociones fuertes son invocadas por tu espíritu asalvajado. Una piedra en el camino, caer y sentirse humillado al notar el sabor de la sangre por tu labio partido, no consiguen detenerte. No hay marcha atrás para evitar el caos. El delirio es tan fuerte que el daño que te has hecho al caer apenas lo notas, estás demasiado exaltado como para reaccionar. Te envalentonas y atacas; o, mejor dicho, te dejas invadir por “el mono”. Sabes lo que es la droga, lo nociva que resulta, pero lo que no podías imaginar hasta ahora es que el placer que te produce al tomarla pueda ser tan intenso como para nublarte el pensamiento. Y poco a poco comprendes lo que son las adicciones: no tener fuerzas para vivir sin algo dañino para tu salud. Las más conocidas son las adicciones a las sustancias, al alcohol, al juego… pero algunas no tienen un tratamiento especializado para ayudar a tu desintoxicación. La adicción a una persona, alguien que consigue hacerte creer que estás en las nubes nada más conseguirlo. Una sensación tan plena que ninguna otra persona puede conseguir que se sienta. Pero los efectos pasan y de “estar en todo lo alto” se cae estrepitosamente a un abismo hostil donde solo hay desesperación, arrepentimiento y un íntimo porcentaje de lucidez que hace que uno vea que necesita ayuda para la desintoxicación. Pero esa lucidez flaquea ante el innegable poder de la abstinencia y sus efectos contraproducentes.   

martes, 5 de junio de 2012

EL ESCONDITE PERFECTO


“La soledad es algo con lo que tienes que aprender a convivir. Al fin y al cabo, lo único que tenemos claro en esta vida es que la única persona con la que estarás el resto de tu vida 24 horas al día es contigo misma”. Alguien, hace tiempo, me dijo eso una vez. Un día en el que llegué a sentirme tan sola, que pasé miedo. Sus palabras no me aliviaron, pero no las he olvidado. Sobre todo últimamente, cuando en mis pocos ratos de tiempo libre la soledad me golpea tan fuerte que siento dificultad hasta para respirar.

Por casualidad, paseando para tratar de espantar estas sensaciones, hoy he encontrado un lugar. Un sitio donde poder sentarme, respirar hondo, observar lo que me rodea. El desasosiego lentamente va disminuyendo, a la vez que la claridad del sol desaparece poco a poco, mientras busca unas montañas el horizonte para ocultarse. Es extraño sentir paz en un lugar rodeado por la carretera, en un mirador donde es imposible no encontrar a gente solitaria como tú, a alguna pareja o a un grupito de amigos. Pero aquí a todos nos une lo mismo: todos sentimos la misma necesidad de paz y hasta las personas que vienen acompañadas callan o hablan bajito, despacio, con calma. Los pájaros cantan como si quisieran poner banda sonora a este paisaje o para facilitar un ambiente mucho más melancólico. Sí, es paz. Un escondite donde escapar de tu mundo y tu realidad: LA REALIDAD.

Sé que tengo que marcharme, hay cosas que hacer, pero no quiero. No puedo moverme. No sé lo que sentiré cuando me levante, cuando salga de mi escondite y me descubran. Y no quiero averiguarlo. Respiro hondo, muy hondo, y el fresco del atardecer me golpea como un soplo de aire que intentara renovarme. No, no quiero irme. Algo me sujeta al banco, algo que no deja que me mueva. Siento un ligero adormecimiento, una sensación placentera me recorre entera. Siento mi cuerpo relajado. ¿Cuánto tiempo podría estar así? ¿Cuántas horas? Pero no, ya es tarde y tengo que irme pero… ¿a dónde?

El viento me ha dejado los brazos congelados y estoy tan relajada y me siento tan tranquila que creo que puedo quedarme dormida como no me mueva. Lo mejor será que me vaya. Puedo irme en paz, feliz y contenta… ya tengo un lugar donde esconderme, un sitio en el cual puedo ocultarme de mí misma.

martes, 1 de noviembre de 2011

LOS NIÑOS

Recorro las calles y las veo llenas de niños. Dando gritos en sus peleas por ver quién llama más la atención. Molestando a los que simplemente queremos dar un paseo para desconectar y tener unos momentos de paz. Pero, a pesar de esto, también son los causantes de que la ciudad esté llena de alegría y jolgorio incluso en un día tan triste como éste. El recuerdo de las personas que ya no están nos hace daño. Y los niños, sin embargo, son todo lo contrario: con su inocencia y ese “no conocimiento”, están llenos de energía y vida. Son criaturas “angelicales” a las que se les permite todo. Ni siquiera tienen ni idea de cómo es el mundo que les rodea. No piensan más allá de lo que su corta mirada les deja ver. No entienden que hay un futuro al que temer. Viven su vida totalmente ajenos a lo que les puede suceder mañana. Y ni siquiera se lo plantean. Por eso, no tienen miedo a reír, a llorar. Tienen una sorprendente capacidad de poseer sentimientos contrapuestos en breves instantes de tiempo. Y, aunque eso también nos pueda pasar a los que ya no somos tan niños, ellos tienen un don que nosotros no poseemos: cuando eres pequeño, no sufres, disfrutas más de los momentos buenos que de los malos. Vives el presente y solo lloras cuando te has pegado con un amigo en el recreo del cole. Admiro a estas criaturas porque solamente por el hecho de ser niños ya tienen más derechos que nosotros. A ellos se les permite todo. Pero ¿y a nosotros?

jueves, 25 de agosto de 2011

AMAR

Cuando amas a alguien QUIERES estar con esa persona las 24 horas del día; aunque, obviamente, no siempre se pueda ESTAR.


En el trabajo, cuando me levanto y cuando me acuesto, a pesar de estar separados físicamente, me acuerdo de ti siempre. Con las llamadas y mensajes que nos intercambiamos, descubro que a los dos nos pasa lo mismo: llevamos apenas unas horas separados, a veces incluso simplemente unos minutos, y ya nos echamos de menos.


Descubro que aunque consiga estar las 24 horas del día contigo, no dejo de verte y contemplarte. Aunque pasen horas y horas, no me canso de tu presencia y descubro la belleza del silencio... no me importa el silencio. Hasta eso quiero compartir contigo, porque me has enseñado que los silencios son hermosos y que son incluso mejor cuando van acompañados de tus caricias, tus besos y tus abrazos. Me gusta estar acompañada de ti en esos momentos de paz y tranquilidad, saber y sentir que estás sentado a mi lado.


Te busco en la cama. Aún entre sueños alargo levemente el brazo y ya puedo tocarte, porque estás a escasos centímetros de mí (a veces, son solo milímetros o incluso estamos pegados, rozándonos o tocándonos). Cuando te busco con la mirada, puedo intuir tu sombra acostada junto a mí y comprobar lo guapo que estás mientras duermes, inocente y totalmente ajeno a mis pensamientos. Puedo notar tu respiración y estudiar tus movimientos mientras respiras acompasadamente.


Soy feliz cuando sonríes, cuando ríes... en definitiva, cuando tú eres feliz. Simplemente verte contento me produce una felicidad difícil de definir ni de describir. Y dicha felicidad que siento se incrementa cuando sé que yo soy quien te ha provocado ese estado, ese arranque repentino y momentáneo que me gustaría que durara toda la vida.


Me encanta que me hagas descubrir comidas y sabores nuevos, hacer contigo nuevas actividades, que me muestres todo un abanico de posibilidades nunca antes conocidas por mí o que antes no sabía o no imaginaba que fueran a gustarme.


Disfruto simplemente con que un leve roce tuyo me estremezca de arriba a abajo como una descarga eléctrica... y comprobar que a ti te ocurre lo mismo.


Me gustan esos momentos en los que me siento confiada y, casi de repente, a veces como si no viniese a cuento, dejándome llevar, me abro a ti. Te cuento mis cosas, TODAS, desde las más insignificantes hasta cosas tan importantes y secretas que nunca se las habría contado a ninguna otra persona. Y mientras lo hago me miras, me escuchas, me acaricias, me apoyas. Y me dejas que yo haga lo mismo contigo.


martes, 9 de agosto de 2011

NO QUIERO DORMIR



Quisiera detener el tiempo un instante. Que se quede así como está, con el rutinario canto (o chirrido) de los grillos, el sonido de fondo de las olas de la playa chocando contra la orilla, el murmullo de alguna conversación alocada y estridente que se oye de forma intermitente a lo lejos, intentando enturbiar la paz que se apodera de mí. Un momento de soledad que me regalo, que necesito, a solas con la naturaleza, para recargar pilas y sentirme mejor conmigo misma, como si los problemas y preocupaciones solo fueran un breve recuerdo. Incluso el cansancio y el sueño que me habían invadido se quedan en un segundo plano.

Ahora, todo lo malo no existe. ¿Qué cosas había malas? Solo pienso en lo bueno, en lo que me ha regalado la vida, en lo que yo misma he conseguido gracias al apoyo de mi gente, en la gran etapa que estoy atravesando, en esa persona que hace que todos los días me levante con nuevas alegrías e ilusiones.

Y me siento fuerte y capaz de dominar el mundo contra viento y marea. Y por eso no quiero dormir, porque temo que mañana esa fuerza se haya evaporado.

lunes, 14 de marzo de 2011

¿?

A veces, la vida te obliga a tomar decisiones. Decisiones que llevabas mucho tiempo deseando ser capaz de llevarlas a cabo, pero tu poca fuerza de voluntad te lo impedía, tu falta de autoestima y, sobre todo, esa constante esperanza irracional a que las cosas aún pudieran ser diferentes. Y aún piensas, en un rincón oculto de tu corazón, que nada es irremediable y que las cosas aún pueden cambiar. Porque, en el fondo, es lo que quieres. Simplemente te pones en lo peor porque crees que es mejor pensar siempre en la peor opción antes de creer que todo es un malentendido, que todo está todavía en el aire y que el paso del tiempo solucionará la situación. Pero llega un momento en tu vida que te cansas de esperar, esperar, esperar ¿a qué exactamente? ¿merece la pena? ¿no es una pérdida de tiempo inútil que lo único que va a hacer es darte falsas ilusiones y alargar la agonía? ¿por qué repetir las mismas situaciones que sabes que nunca salen bien… que nunca te han salido bien? ¿qué es lo que hace este momento diferente a los demás para que piensas que esta vez las cosas malas no van a volver a ocurrir? Deja de pensar. Deja de torturarte con el futuro, con el paso del tiempo. Porque ninguno tenemos el don de predecir el mañana. Mejor, piensa en el presente, piensa en ti y en tu bienestar. Mañana será otro día y, por lo tanto, mañana te sentirás de forma totalmente distinta.

lunes, 22 de marzo de 2010

ALTIBAJOS


Porque hay momentos en que una sonrisa se te escapa cuando menos lo esperas.

Porque, en otras ocasiones, es una lágrima la que sale rebelde de tu ojo y va a parar a la comisura de tu boca.

Y todo esto se debe a esos sentimientos que te embargan, que te llegan de sopetón y sin darte cuenta. Que reaparecen de su escondite para recordarte que aún sientes añoranza, alegría, emoción, tristeza… y todas esas sensaciones que forman parte de nuestra vida. Todo eso que, aunque intentemos ocultarlo o hacerlo desaparecer, siempre está presente.

Pero, por suerte, una foto te puede hacer recordar con alegría. Puede hacer que ese sentimiento de añoranza se transforme por un instante en un sentimiento de felicidad ante la idea de contar con una prueba de que todo eso que recuerdas sucedió de verdad. Que todo en lo que piensas constantemente no fue producto de la imaginación. Y que tienes esa prueba viviente e inmortal para recordar siempre.

Además, un amigo, familiar o ser querido en general puede hacer que te sientas de nuevo bien, que no sientas vacío ni soledad. Que te sientas querido y apoyado. Y que tengas ganas de volver a construir tu vida, una vida mejorada, y con todas esas vivencias maravillosas a tus espaldas.

Porque no es bueno lamentarse por las cosas que ya no pueden ocurrir y, a veces, es bueno alegrarse al recordar las experiencias que pudiste vivir y tuviste el honor de tener.

Porque a veces sólo necesitas un instante para que se haga la luz… aunque al rato vuelva a apagarse.

viernes, 26 de junio de 2009

ELLA (HISTORIAS II)

"La mujer ya ha llegado a las gradas. Mira al campo donde está el jugador al que todos vitorean." En las primeras filas ve a grupos de chicas histéricas que no paran de gritar el nombre del chico. ¡Realmente patético!. No sabe si es peor la actitud de ellas o la prepotencia de él. Durante unos minutos duda y no sabe qué hacer. Ha sido una tontería ir al partido sólo por verlo. Pero es algo que no puede evitar. Sabe que tras esos músculos creados tras muchas horas de gimnasio se esconde un chico sensible que busca desesperadamente alguien a quien amar. ¿Ella podría ser esa persona?. Estos pensamientos la invaden mientras se confunde entre el gentío masculino buscando un asiento libre.

Sus miradas se cruzan y la chica ve en los ojos de él un brillo especial, alejado de la chulería habitual. Ese brillo que siempre asoma a sus ojos cuando la mira. ¿Ella era capaz de cambiar a un hombre y de volverlo más humano?. ¡Menuda bobada pensar así!. No, lo que ocurre es que es la única que no está afónica dando gritos, la única que no lo trata como si fuera un dios o un ángel caído del cielo. Y eso a los hombres les afecta a su ego, sobre todo a personas como él. Pero algo en su interior le hace rechazar esta última teoría. Él no es solamente ese gran deportista admirado y envidiado por todos. Ella lo sabe. Lo ha observado durante mucho tiempo. Lo ha visto actuar y casi podría asegurar que puede leerle la mente… Aunque no siempre es así. A veces, las piezas del puzzle son demasiado parecidas y ella tarda mucho en darse cuenta de que se ha equivocado al encajarlas. O mejor dicho, se ha equivocado en escoger un puzzle tan difícil como él. Pero es algo superior a sus fuerzas.

El partido termina y el jugador vuelve a mostrar esa sonrisa de superioridad. “¡No, por favor!, muéstrame una sonrisa dulce, cariñosa, una sonrisa donde me digas que no eres como la gente piensa. Que mereces la pena. Que puedo ser esa persona que buscas”.

La chica despierta de la ensoñación. La cabeza vuelve por fin a dominar sobre su corazón. Se levanta y se marcha tranquilamente mientras todos gritan y aplauden por la victoria.

¡Hasta el próximo partido!

sábado, 28 de febrero de 2009

CORAZAS-BARRERAS-MUROS

Te he descubierto. Te ocultas entre esa coraza, ese rol que te has auto-impuesto para hacerle creer al mundo que te rodea que eres otra persona.

Pero a mí no me engañas. He encontrado el escondite de esa mirada bondadosa, tranquila, sosegada, serena… cariñosa. Yendo de persona dura te has puesto unas barreras que creías impenetrables, imposibles de romper, levantadas para defenderte de cualquier enemigo que intentara terminar con tu farsa y que quisiera exponerte al mundo cruel y sin sentido en el que crees que estamos.


Pero el tiempo ha debilitado tus medidas de seguridad y ahora te muestras como una persona indefensa ante mis ojos. Tu actitud seria y distante ha perdido frente a esa sonrisa que te ilumina la cara y te hace ser una persona completamente nueva. Y esos ojos brillantes que únicamente muestran una sincera preocupación y cariño por tus más allegados. Tu risa, tan desconocida para muchos, ha sonado mientras hablábamos y todo ha sido como un soplo de aire fresco; era una risa contagiosa, pero no podía reírme contigo. Había que disfrutar de esa risa tan preciosa tuya porque no se sabía cuándo volverías a regalármela.

Fuiste capaz de “correr el riesgo” de dejar que tu burbuja infranqueable desapareciera temporalmente para dejarme paso, tan sólo para darnos un alegre y amistoso abrazo que, aunque duró escasos segundos, lo sentí como si hubiese durado una eternidad y lo llevaré siempre conmigo. Todos pensaban que eras una persona fría y sin sentimientos, que no demostrabas ningún tipo de emoción ante nada, pero la realidad era que habías tenido tantos desengaños con la vida que ya no creías tener más fuerzas para enfrentarte a ella.

Pero no todo han sido alegrías… también has llorado. Eso fue en el momento en el que tus defensas estaban más bajas, cuando no aguantabas más la presión de fingir ser quien no eres. Cuando te diste cuenta de que los problemas que te plantea la vida no se solucionan intentando aislarte de ella. Al principio, sólo una lágrima se desbordó de tu ojo izquierdo y fue a parar a tu mejilla; pero terminaste sucumbiendo a la realidad, aprendiste que la vida es demasiado corta como para amargarte encima con comportamientos así, que mostrarse tal y como uno es no significa ser débil.

Descubriste que el amor de los amigos, de la familia, de las parejas… o que cualquier otro tipo de amor sirve para demostrarte que la vida sí que tiene sentido.