"Todos los LUNES compartiendo mis sueños y pensamientos contigo"
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jueves, 1 de noviembre de 2012

ADICCIONES


Algo irrefrenable te impulsa a actuar de ese modo, la razón se nubla y la ansiedad invade tu vida. Todo es calma y paz pero, a la vez, gris y sin brillo. Emociones fuertes son invocadas por tu espíritu asalvajado. Una piedra en el camino, caer y sentirse humillado al notar el sabor de la sangre por tu labio partido, no consiguen detenerte. No hay marcha atrás para evitar el caos. El delirio es tan fuerte que el daño que te has hecho al caer apenas lo notas, estás demasiado exaltado como para reaccionar. Te envalentonas y atacas; o, mejor dicho, te dejas invadir por “el mono”. Sabes lo que es la droga, lo nociva que resulta, pero lo que no podías imaginar hasta ahora es que el placer que te produce al tomarla pueda ser tan intenso como para nublarte el pensamiento. Y poco a poco comprendes lo que son las adicciones: no tener fuerzas para vivir sin algo dañino para tu salud. Las más conocidas son las adicciones a las sustancias, al alcohol, al juego… pero algunas no tienen un tratamiento especializado para ayudar a tu desintoxicación. La adicción a una persona, alguien que consigue hacerte creer que estás en las nubes nada más conseguirlo. Una sensación tan plena que ninguna otra persona puede conseguir que se sienta. Pero los efectos pasan y de “estar en todo lo alto” se cae estrepitosamente a un abismo hostil donde solo hay desesperación, arrepentimiento y un íntimo porcentaje de lucidez que hace que uno vea que necesita ayuda para la desintoxicación. Pero esa lucidez flaquea ante el innegable poder de la abstinencia y sus efectos contraproducentes.   

viernes, 20 de mayo de 2011

INSOMNIO

Días ajetreados de un lado para otro, exámenes, estudio, biblioteca, ordenador, casa, café, trabajos, exposiciones, nervios, alivios momentáneos… y vuelta a empezar. Es el periodo de exámenes. Durante al menos dos semanas tu vida se reduce a eso. Incluso, para qué negarlo, sonríes al pensar que tantas idas y venidas y tener todo tu tiempo ocupado te ayuda a no dejar a tu mente torturarse por asuntos que competen a otras partes de tu vida. Pero llega el momento, el inevitable momento, de acostarse en la cama, apagar la luz, respirar, pensar en lo que tienes que hacer al día siguiente y si ya has hecho esa noche todo lo que tenías que hacer ese día… sigues intentando pensar en todo esto hasta que te entre el sueño y poder descansar. Pero ya no puedes más. No puedes alargar el agónico momento. Ha llegado la hora de comerte la cabeza, de darle vueltas a asuntos tan imposibles que sería mejor dejarlos donde estaban, en ese resquicio olvidado de tu mente. Pero, por el contrario, ahora aparecen con más fuerza que nunca. Puede que el hecho de haberlos tenido abandonados durante todo el día, en lugar de conseguir acabar con ellos poco a poco, haya conseguido que se vayan haciendo más fuertes, como si su letargo fuera una fuente de constante auto-alimentación y permitiera despertar, en esta hora crucial de “necesito dormir”, a la bestia que tenía escondida dentro. A veces, nosotros mismos somos nuestros peores enemigos. Y ahora más que nunca no tienes duda de ello.

jueves, 10 de marzo de 2011

TODO EN UN INSTANTE




Una ciudad. Una noche. Escena en blanco y negro. Porque el blanco y negro siempre da más sobriedad y mucha más belleza a la imagen. La oscuridad contrasta claramente con las luces y las personas que se encuentran en ella. Un hombre que camina, se detiene ante un escaparate. La ha visto. La chica, detiene su copa en el aire al verlo a él. Y el tiempo se ralentiza. Cada vez, la cámara lenta se vuelve más lenta. Así podemos verlos tanto a él como a ella. Sus gestos, sus expresiones de la cara. El pie de él, que cambia su rumbo para ir al encuentro de ella. La chica que se levanta y se olvida del mundo de tal manera que la copa se cae al mantel, se rompe contra él y su contenido se desparrama por toda la mesa. A su vez, al chico se le cae el maletín. ¿Pero qué importa? Todo les da igual. Nada existe a su alrededor. Nosotros podemos ver el cristal del escaparate, que se rompe encima de la chica cuando ella lo atraviesa para juntarse con él, podemos ver el coche que atropella al chico… pero son solamente ilusiones ópticas nuestras. Porque el mundo conocido no existe en esta realidad alternativa. El único mundo realmente existente son ellos, suspendidos en el tiempo y en el espacio en un lugar donde la gravedad no existe. Solamente están ellos, su conexión, su contacto, sus deseos y necesidades irrefrenables de unirse, de tocarse, de besarse.


Porque hay acontecimientos en la vida que solo necesitan de un instante, de un segundo, para ocurrir… acontecimientos trascendentales que cambian tu vida en una milésima de segundo sin motivo aparente y sin poder medirlo con las unidades de medida tradicionales conocidas en este mundo. Por ello, necesitamos de una hiperrealidad como la construida por estos dos desconocidos para entender y comprender estos cambios que se producen sin que seamos conscientes de ello.

lunes, 18 de enero de 2010

EL MIEDO

“No es malo tener miedo; pero no podemos permitir que el miedo gobierne nuestra vida porque, si lo hacemos, dejamos de tener vida y pasamos, únicamente, a tener miedo”. Esta frase la oí hace algún tiempo en alguna película o serie de la tele y me hizo pensar.

Muchas veces dejamos que el miedo nos paralice y no nos deje seguir hacia delante. Dejamos que el miedo nos ciegue y no nos permita ver que existen otras cosas esperándonos, otras cosas buenas que están a punto de suceder para compensarnos por las malas. El miedo, en ocasiones, no nos deja darnos cuenta de que no siempre vamos a tropezar en la misma piedra. Que no todo lo malo de este mundo nos tiene que pasar a nosotros. Que no todo el mundo es tan rastrero como esas personas que nos han hecho daño. Y es que muchas veces somos como ese niño que tiene como mayor diversión subirse a un árbol hasta que un día se cae y, por el susto y por el daño que se hace, decide no volver a hacerlo.

Hay que despertar a la realidad y darnos cuenta de que nuestra vida es un constante viaje en un tren. En dicho viaje hay muchas paradas donde tienen que bajar algunas de las personas que tenemos a nuestro lado. Pero, por suerte, nuevas caras suben las escalerillas para ocupar algunos de los asientos vacíos. A veces, también, ciertas partes del tren están a oscuras y no apreciamos a primera vista que en esas zonas también existe gente. Gente a la que consigues ver gracias a que un movimiento accidental los delata o gente que, a lo mejor, se queda escondida para aparecer como súper héroes a tu rescate cuando de verdad los necesites. Una vez que lo hagan, se quedarán a tu lado hasta el final del viaje, pase lo que pase.

Ya sé que no es fácil. Nadie dijo que lo fuera. Pero, al fin y al cabo, en eso consiste la vida. John Lennon dijo una vez que la vida es aquello que te ocurre mientras estás ocupado haciendo otros planes. Y tenía razón. Mientras nos ocupamos en conseguir respuestas, en pensar sobre lo que queremos para nuestro futuro, en dudar sobre si esos a quienes consideras tus amigos de verdad te quieren... la vida pasa. Y estamos tan ocupados pensando en otras cosas que no podemos disfrutar de las cosas buenas que estamos viviendo. Y no puedes dejar nunca que un suceso aislado negativo pueda acabar con tantísimos detalles y vivencias positivas. Este es tu momento. Aprovéchalo junto a las personas que de verdad merecen la pena.

lunes, 7 de diciembre de 2009

EL PERRO DEL HORTELANO

En estos momentos me gustaría hablar con Lope de Vega para preguntarle qué le inspiró a realizar esta obra, si sabía que su creación no se quedaría tan sólo en una historia más dentro del teatro español ni en un dicho que muchos a veces repetimos sin pararnos a pensar detenidamente en el significado que encierra.

“Eres como el perro del hortelano. Ni comes ni dejas comer”. ¿Cuántas veces habremos dicho o nos habrán dicho ese refrán? ¿En cuántas situaciones diferentes podrá ser empleado? ¿Y hasta qué punto esto es verdad?

Sí, siempre alguna vez somos y seremos el perro del hortelano. Tenemos noticias de alguien de quien no sabíamos hace tiempo y descubrimos que su vida está mucho mejor que la última vez que lo vimos. Un antiguo amor, por ejemplo, ha rehecho su vida con otra persona diferente y descubres, sin que te haga mucha gracia, que no es algo que te alegre demasiado. ¿Por qué te molesta? No pueden ser celos, porque hace años que te olvidaste hasta de la existencia de dicha persona; y tampoco puede ser envidia, porque tu vida incluso está mucho mejor que la suya. ¿Entonces? ¿Qué turbios sentimientos son los que te atormentan?

Puede que volver a saber de esa persona te haga pensar en el pasado y que te obligue a replantearte muchas cosas. ¿Hice bien en elegir este camino y desechar este otro? ¿Cómo hubiese sido mi vida si hubiera pensado en ese momento de otra manera? ¿Si ahora se me volviera a plantear la opción de elegir qué sería lo que haría?

Sí, definitivamente todos somos como el perro del hortelano. No comemos ni dejamos comer porque la comida, si se queda en el plato, siempre podremos usarla cuando nos apetezca pero si nos la quitan, nuestra oportunidad de comer pasará de largo para siempre.

jueves, 20 de agosto de 2009

MENTIRAS Y CINTAS DE AUDIO

Con su sonrisa cautivadora, poco a poco consiguió que fueras abriéndote a él, que le contaras todo lo que te ocurría y lo que te pasaba por la cabeza. Al principio, siempre recelosa, tanteabas el terreno para no dar otro de tus saltos al vacío. Pero no había nada malo. Todo parecía perfecto. Los pequeños defectos de la situación eran fácilmente superables. O, al menos, eso era lo que pensabas en un principio.

Pero tu alma de vidente te hacía presagiar lo peor… o, para no ser tan catastrofistas, esperabas encontrar en cualquier momento ese pequeño gran detalle que tenía que estar oculto por algún sitio no muy lejano. ¡Pero nada! Los días pasaban y tú seguías sin ver lo malo que sabías que tenías que encontrar. Él, muchísimo más listo de lo que te habías imaginado, se daba cuenta de lo que te ocurría y, por eso, decidió “abrirse a ti”, para que confiaras en él mucho más de lo que ya lo hacías.

¡Qué tonta fuiste!. Te creíste todo lo que te contó. Todo lo que querías oír salía de su boca sin parar, como una metralleta. Y caíste en el anzuelo. Su voz te atrapó al igual que lo hace la cinta de audio de una grabadora. Y sentiste pena por sus desgracias. Querías ayudarlo. Tenías la necesidad moral de permanecer a su lado y encontrar una solución a sus problemas. Lo que nunca imaginaste es que lo único que estaba haciendo era añadir dificultades a los tuyos propios.

Y ahora podrías seguir engañada, podrías seguir siendo una marioneta en manos de un ser manipulador que ni siquiera te llega a la suela del zapato. Porque ha demostrado ser un falso, un mentiroso y, sobre todo, un excelente actor, que finge a la perfección sentir un profundo afecto por ti, cuando lo único que ha hecho desde que lo conociste ha sido intentar poner tu vida patas arriba.

Pero el refrán ya lo dice: “se pilla antes a un mentiroso que a un cojo”. Por suerte, este mentiroso ya ha sido arrestado y metido en prisión preventiva.

lunes, 8 de junio de 2009

EL DESTINO

¿Existe el destino?, ¿somos nosotros mismos nuestro propio sino?, ¿o en realidad hemos inventado esta palabra para poder justificar de forma hipócrita nuestros errores?. Puede que cualquiera de estas opciones sea la correcta, aunque también podría ser que ninguno de los que piensen así lleve la razón.

¿No es la vida como un juego?, ¿no tiene bastante parecido con estas formas de entretenimiento que tantas horas y horas de vida nos pueden hacer perder? A lo mejor, lo que nosotros definimos como “destino” en realidad es un videojuego, uno de esos que tanto enganchan en cuanto los pruebas y que consiste en pasar y pasar pantallas, niveles de dificultad. Sí… a lo mejor ésta es la verdadera respuesta. Puede que nuestra vida se base precisamente en eso, en pasar niveles, que todos juguemos el mismo juego (el juego de la vida) y que eso haga que muchas situaciones que vivimos sean iguales o parecidas a las de otra persona.

Entonces… ¿qué es lo que nos diferencia?. Si todos estamos jugando a lo mismo ¿qué es lo que hace que nuestras vidas sean diferentes?. Pues sí, es verdad: nosotros mismos, nuestras tácticas de juego, conocer las trampas que hay en cada rincón de cada nivel; y sí, por supuesto, para tener esta sabiduría hace falta mucha práctica, muchas vidas perdidas en el camino, muchos “game over” con mal sabor de boca y que hubieran aparecido precediendo a nuestro pensamiento: “justo ahora que estaba a punto de pasarme esta pantalla tan difícil… ahora tendré que volver a empezar”… ¡Exacto! Volver a empezar. Eso es lo más difícil: conseguir recordar todo lo que ya habíamos vivido para intentar no volver a equivocarse en los mismos sitios. Porque, a pesar de ir con el máximo cuidado, de haber sido una persona precavida y haber conseguido todas las vidas posibles, cuando menos lo esperes puede aparecer "uno de los malos" al que tendrás que eliminar para poder seguir avanzando… y si aparece demasiado de sopetón, puede conseguir que tengas que empezar otra vez. Tienes que ser más rápido y más audaz.

Llegado el momento, después de mucho tiempo obsesionado con el juego, un estado de excitación puede hacerte creer que lo tienes dominado, que ya estás en la última pantalla y que te queda muy poco para pasártelo. Y puede que sea así, puede que lo consigas, a lo mejor llegas a la meta después de muchos esfuerzos y muchas horas seguidas jugando. Pero no olvides que esos estados duran poco, que tras los subidones de adrenalina vienen los bajones y que, si es difícil llegar a la cima, mucho más difícil es mantener un listón tan alto mucho tiempo.

domingo, 15 de marzo de 2009

PASA EL TIEMPO

Pasa el tiempo y la gente cambia. Puede que no te guste, que no seas capaz de asimilarlo o que simplemente las nuevas formas de ser no sean para nada acordes como tú habrías imaginado… pero eso no impide que la gente cambie. Tú, que siempre imaginaste que compartiríais los mismos gustos, las mismas preferencias, las mismas vivencias… pero para esa persona eso pertenece ya al pasado. Ahora ha crecido de forma diferente, acorde a su generación, y se interesa por otras cosas… cosas que ni en broma hubieses creído que pudieran gustarle alguna vez. Pero las cosas son así. Los tiempos cambian y todos somos diferentes. Es duro aceptarlo pero hay que hacerlo. Sobre todo, es duro porque son los inicios, porque ha sido un cambio muy brusco, de la noche a la mañana (o puede que en verdad haya sido un cambio lento y constante y que no te hayas dado cuenta hasta este momento, debido a pequeños detalles sin importancia que te han hecho abrir los ojos ante la nueva realidad).
Ahora, la sensación es como la que tendría una persona anciana: te quedas contemplando fotos, removiendo recuerdos, reviviendo situaciones… y una especie de nudo en la garganta no te deja ni llorar… aunque notas la vista borrosa porque los ojos se te han empañado. Tiene que ser así. Debes dejar que cada uno elija vivir como quiera. Tú lo único que puedes es aconsejar, pero la gran decisión está en la otra persona. A pesar de saber todo esto, sigues sin poder ni querer aceptarlo. Necesitas tiempo. Atar todos los cabos. Ver que no se va a estrellar contra la pared y que ha elegido el camino correcto… aunque sea diferente al que tú creías que era el más adecuado.

sábado, 7 de febrero de 2009

BENJAMIN BUTTON

Todos tenemos miedo a la senectud, a vernos convertidos poco a poco en personas con arrugas, patas de gallo, piel flácida, personas sin ningún atractivo físico… por eso nació la cirugía estética. La ciencia le da la oportunidad de evitarlo a todo aquel que quiere, permite hacer que se siga siendo joven toda la vida, para poder ser perfectos, para no aceptar el paso del tiempo, para no querer comprender que el reloj hace que los segundos, minutos, horas… pasen y pasen sin que podamos detenerlo, aunque intentemos frenarlo.
Todos lo hemos pensado alguna vez: deberíamos nacer viejos y terminar muriendo siendo jóvenes. Pero… ¿y si sucediera de verdad?, ¿qué ocurriría si nos pasara como a Brad Pitt (o, mejor dicho, Benjamin Button)?. ¿Y si las agujas del reloj en lugar de girar de izquierda a derecha lo hicieran en sentido contrario?: nacer con artritis y lleno de arrugas, aprender a andar cuando deberías empezar a dejar de hacerlo, tener la apariencia de un abuelo adorable mientras que, en el fondo, tienes la inocencia de alguien que nunca ha tenido relaciones con nadie, aparentar ser un respetable hombre maduro cuando no sabes nada de la vida, parecer un adolescente cuando llevas toda una vida de experiencias y vivencias, tener demencia senil cuando físicamente tienes unos 10 años, morir de bebé mientras te acunan para dormirte… Si lo pensamos bien, es inconcebible.

Como dice uno de los trailers de la película: “la vida sólo puede entenderse yendo hacia atrás, pero debe vivirse hacia delante”. Sobre todo, cuando tú eres el único que tiene su reloj corriendo en sentido contrario, cuando andas por tu camino en sentido opuesto a todos los demás, haciendo con ello que sólo puedas encontrarte con quien de verdad quieres en un punto concreto de tu vida para luego tener que separaros de nuevo, sin volver la vista atrás.

Benjamin Button puede ser considerado por muchos alguien a quien envidiar, sobre todo cuando poco a poco y mientras pasan los minutos de la película, Brad Pitt se va volviendo más y más atractivo, guapo, joven… haciendo que las chicas que están en el cine no puedan evitar suspiros y exclamaciones de sorpresa y… llamémoslo “admiración”. Pero, al final de sus días, Benjamin tiene una "vejez" que nadie debería experimentar jamás.
De la misma forma que, como dicen en la película, es ley de vida que la gente a la que queremos muera para que con su muerte comprendamos lo importante que son para nosotros, es ley de vida envejecer, por mucho que nos cueste aceptarlo.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

BALANCE DEL AÑO

Otro año que termina. Por ello, no puedo evitar pensar en su evolución, en todo lo acontecido estos 366 días de este año bisiesto al que le quedan escasas horas.
Todos habremos pasado por buenos momentos, por malos, por días regulares, por épocas normales o directamente por experiencias totalmente prescindibles en nuestras vidas. Pero no me puedo quejar (puede que comparándolo con el penoso año 2.007 que nos tocó pasar a mi familia y a mí, este año me haya parecido un auténtico paraíso); del 2.008 me llevo una cantidad de vivencias que me han hecho aprender un poquito más de la vida: amistades con las que puedo contar para lo bueno y lo malo, para divertirme, pasármelo en grande con ellas y que tengo como gran apoyo; he reencontrado viejos amigos que no esperaba volver a ver y que me han hecho, me hacen y espero que me hagan -durante mucho tiempo- muy feliz; he conocido personas que me han sorprendido, tanto para bien como para mal, y de las que me llevo una nueva perspectiva de la vida; he cultivado, por desgracia, o han nacido nuevas enemistades con las que no esperaba contar y las que me hacen valorar las amistades verdaderas que tengo; personas que nunca olvidaré y que seguiré viendo aunque sea una vez cada mil años, han desaparecido de mi vida, porque nuestros caminos se han separado por circunstancias ajenas a nosotros; mi hermano, por fin, está bien, sano y tranquilo, y eso hace que todos seamos más felices; mi viaje a Sevilla con mis niñas de la Universidad fue corto pero intenso y me divertí a lo grande con ellas; este verano mi viaje de Interraíl ha sido una experiencia extraordinaria que me servirá para tener algo que contarles a mis nietos; Periodismo cada día me gusta más y disfruto más con él.
Creo que no me olvido de nada más. Sólo desearos entonces FELIZ AÑO 2.009 y que todos los deseos se hagan realidad.