"Todos los LUNES compartiendo mis sueños y pensamientos contigo"
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viernes, 20 de mayo de 2011

INSOMNIO

Días ajetreados de un lado para otro, exámenes, estudio, biblioteca, ordenador, casa, café, trabajos, exposiciones, nervios, alivios momentáneos… y vuelta a empezar. Es el periodo de exámenes. Durante al menos dos semanas tu vida se reduce a eso. Incluso, para qué negarlo, sonríes al pensar que tantas idas y venidas y tener todo tu tiempo ocupado te ayuda a no dejar a tu mente torturarse por asuntos que competen a otras partes de tu vida. Pero llega el momento, el inevitable momento, de acostarse en la cama, apagar la luz, respirar, pensar en lo que tienes que hacer al día siguiente y si ya has hecho esa noche todo lo que tenías que hacer ese día… sigues intentando pensar en todo esto hasta que te entre el sueño y poder descansar. Pero ya no puedes más. No puedes alargar el agónico momento. Ha llegado la hora de comerte la cabeza, de darle vueltas a asuntos tan imposibles que sería mejor dejarlos donde estaban, en ese resquicio olvidado de tu mente. Pero, por el contrario, ahora aparecen con más fuerza que nunca. Puede que el hecho de haberlos tenido abandonados durante todo el día, en lugar de conseguir acabar con ellos poco a poco, haya conseguido que se vayan haciendo más fuertes, como si su letargo fuera una fuente de constante auto-alimentación y permitiera despertar, en esta hora crucial de “necesito dormir”, a la bestia que tenía escondida dentro. A veces, nosotros mismos somos nuestros peores enemigos. Y ahora más que nunca no tienes duda de ello.

jueves, 11 de junio de 2009

LA MADRUGADA

Son las 06:03 de la mañana. Acabo de guardar mis apuntes. Después de un enorme suspiro que casi hace que me caiga de mi asiento levanto la vista tras varias horas de estudio y unos cuantos cafés. Miro mi reflejo en el cristal de la ventana y noto que el dolor de ojos va acompañado de un leve color rojo. Decido dejar de mirarme y me percato de que la noche se está aclarando. Aún falta algo de tiempo para que amanezca, pero la noche ya no está tan oscura como la última vez que la miré. Me levanto y asomo la cabeza por la ventana entreabierta. “¡Ah, qué gusto!. Aire fresquito de una noche casi, casi, casi veraniega”. Ahora, me lamento por no ser fumadora. Un cigarrito en esos momentos, teniendo como única acompañante a la luna, sería el plan perfecto para una madrugada tan preciosa como ésa. Afuera, sólo se oye el piar de los pájaros más madrugadores. Acaba de pasar un coche, casi sin hacer ruido. “No te preocupes. Será nuestro secreto. No le diré a nadie que te he visto si tú también mantienes tu boca cerrada… o el tubo de escape, tu sabrás”. Vuelve de nuevo el silencio. Volvemos a estar la luna, los pájaros invisibles y yo. Hay que aprovechar el momento: viviendo en el centro de Murcia una no está acostumbrada a disfrutar de la belleza solitaria de la noche nocturna (bueno, cada vez más diurna). No sé si acostarme: dentro de dos horas sonará el despertador y entonces sí que me será imposible ponerme en marcha. Sin embargo, ahora mismo me siento con ganas de hacer de todo. La noche sigue y sigue aclarándose. ¿Espero un poco más? Hace tiempo que no veo amanecer; mejor dicho, hace tiempo que no observo cómo amanece. Son las 06:19 de la mañana… ¿qué hago?