Las calles estaban desiertas. Sólo se veían las diferentes luces de colores que decoraban cada rincón con su fuerza indescriptible. Toda esa energía que él tanto añoraba. Hacía tanto tiempo que no podía pasear tranquilamente por su ciudad, teniéndola para él solo… que poder hacerlo en una noche tan especial como ésa le anegaba los ojos en lágrimas.
Pero pronto su soledad se vio interrumpida, molestada por una nueva presencia que durante un milisegundo le molestó. Hasta que llegó ella. La chica pasó junto a él como una exhalación, pero su contacto fue tan próximo que él se impregnó de su fragancia color de fresa. Sí, color. Porque mientras se alejaba, una aureola color rosa la envolvía y la hacía destacar entre todas esas luces de vivos colores que los acompañaban.
Aún no recuerda el motivo y puede que en cualquier otra circunstancia no lo hubiese hecho nunca… pero la llamó. Ella se detuvo, sin girarse, como esperando que él fuese a su encuentro. El chico no dudó en hacerlo y aceleró el paso hasta encontrarse a dos centímetros de distancia de ella; después, se quedó quieto. No sabía lo que hacer ¿Qué paso tocaba ahora? ¿Tocaba alguno? ¿No era mejor irse por donde había venido y olvidar esa…? Aunque estuvieron inmóviles los dos solamente unos cinco segundos, a ellos les pareció una eternidad. Y ella, por fin, giro sobre sí misma y se lanzó a sus brazos, abrazándolo con fuerza y rompiendo a llorar. Él notaba cómo su hombro se iba humedeciendo cada vez más y la sensación le secó la garganta, impidiéndole tragar saliva con normalidad. Nunca se hubiese imaginado una reacción como ésa. Con el pulgar y el índice de su mano derecha, le cogió dulcemente la llorosa carita por la barbilla. Con la otra mano sacó su pañuelo y pacientemente le fue limpiando las lágrimas. Ella le mostró una sonrisa, mezcla de agradecimiento, mezcla de tristeza y mezcla de pena por ese hermoso gesto de cariño que no creía merecer… ¡y mucho menos por parte de él! Y por fin se atrevió a mirarlo a los ojos, puede que también un poco intimada por él, quien aún tenía la mano en su barbilla y le obligó a alzar la cabeza. No necesitaban palabras. Todo lo que se tenían que decir se lo dijeron con esa mirada. Y atraídos por ese mágico momento, se besaron.
Y decidieron compartir sus soledades, caminando por las calles que ya no parecían desiertas. Se tenían el uno al otro. No necesitaban más compañía.
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miércoles, 5 de enero de 2011
sábado, 18 de septiembre de 2010
ÚLTIMOS PENSAMIENTOS
Desde que era niña, lo había pensado. El verano es la estación de las vacaciones: el sol, la playa o la montaña, el campo, las fiestas, las despreocupaciones… La mejor terapia para combatir cualquier tristeza… o, al menos, para dejarla en un segundo plano. Pero septiembre acaba con todo esto. El otoño destruye lo que ha conseguido el verano y lo único que te trae es melancolía, mal tiempo, nostalgia, mal humor, depresión… Lo peor que te puede suceder cuando estás pasando por una etapa bastante mala en tu vida. Y eso era lo que le ocurría a la chica de la mirada triste.
Paseaba por el puerto, mirando el mar. Observando a los grandes barcos que cruzaban por él, acariciando sus ya frías aguas. Se encontraba tan perdida y tan sola… a pesar de que una amiga estaba a su lado en ese momento, contándole mil anécdotas graciosas que consiguieran hacerla reír. Y ella lo hacía, por supuesto… pero sus ojos seguían reflejando lo que su alma sentía: una profunda tristeza. Su vida se había descarriado. Últimamente, todos sus planes de futuro se desmoronaban mucho antes incluso de que comenzara a llevarlos a cabo. La vida no le daba la oportunidad siquiera de intentar realizar sus sueños… y tampoco era que la chica pidiera cosas imposibles.
Se asomó para mirar el mar. ¿Cuánta profundidad habría? ¿Qué pasaría si perdiera el equilibrio y cayera? ¿Llegaría a golpearse con algún barco y moriría? Y si muriera… ¿qué ocurriría? ¿No sería una liberación para ella? Una forma de dejar de sentir agobio porque era otoño y porque deseaba que pasara esa horrible estación, y porque, cuando llegara el invierno, estaría rezando a todas horas para que la Navidad no se celebrara ese año. Estaba constantemente queriendo que pasara su vida y eso ¿no era un desperdicio? ¿No era mejor quitarse de en medio por no saber aprovechar mejor la belleza de la vida y de la juventud? Su amiga interrumpió sus pensamientos para pedirle que la esperara, que iba a buscar un refresco dentro de la cafetería que se encontraba detrás de ellas. La chica de la mirada triste se quedó sola y volvió a mirar al mar. Lo vio como una señal: ahora o nunca. Aunque no sabía si sería lo suficientemente valiente para hacerlo. ¿Y si la caída fuera fatal y no muriera en el acto? Le atormentaba la idea de tener una muerte lenta y dolorosa. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando sintió el gélido frío del agua traspasando su piel.

Paseaba por el puerto, mirando el mar. Observando a los grandes barcos que cruzaban por él, acariciando sus ya frías aguas. Se encontraba tan perdida y tan sola… a pesar de que una amiga estaba a su lado en ese momento, contándole mil anécdotas graciosas que consiguieran hacerla reír. Y ella lo hacía, por supuesto… pero sus ojos seguían reflejando lo que su alma sentía: una profunda tristeza. Su vida se había descarriado. Últimamente, todos sus planes de futuro se desmoronaban mucho antes incluso de que comenzara a llevarlos a cabo. La vida no le daba la oportunidad siquiera de intentar realizar sus sueños… y tampoco era que la chica pidiera cosas imposibles.
Se asomó para mirar el mar. ¿Cuánta profundidad habría? ¿Qué pasaría si perdiera el equilibrio y cayera? ¿Llegaría a golpearse con algún barco y moriría? Y si muriera… ¿qué ocurriría? ¿No sería una liberación para ella? Una forma de dejar de sentir agobio porque era otoño y porque deseaba que pasara esa horrible estación, y porque, cuando llegara el invierno, estaría rezando a todas horas para que la Navidad no se celebrara ese año. Estaba constantemente queriendo que pasara su vida y eso ¿no era un desperdicio? ¿No era mejor quitarse de en medio por no saber aprovechar mejor la belleza de la vida y de la juventud? Su amiga interrumpió sus pensamientos para pedirle que la esperara, que iba a buscar un refresco dentro de la cafetería que se encontraba detrás de ellas. La chica de la mirada triste se quedó sola y volvió a mirar al mar. Lo vio como una señal: ahora o nunca. Aunque no sabía si sería lo suficientemente valiente para hacerlo. ¿Y si la caída fuera fatal y no muriera en el acto? Le atormentaba la idea de tener una muerte lenta y dolorosa. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando sintió el gélido frío del agua traspasando su piel.

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jueves, 11 de junio de 2009
LA MADRUGADA
Son las 06:03 de la mañana. Acabo de guardar mis apuntes. Después de un enorme suspiro que casi hace que me caiga de mi asiento levanto la vista tras varias horas de estudio y unos cuantos cafés. Miro mi reflejo en el cristal de la ventana y noto que el dolor de ojos va acompañado de un leve color rojo. Decido dejar de mirarme y me p
ercato de que la noche se está aclarando. Aún falta algo de tiempo para que amanezca, pero la noche ya no está tan oscura como la última vez que la miré. Me levanto y asomo la cabeza por la ventana entreabierta. “¡Ah, qué gusto!. Aire fresquito de una noche casi, casi, casi veraniega”. Ahora, me lamento por no ser fumadora. Un cigarrito en esos momentos, teniendo como única acompañante a la luna, sería el plan perfecto para una madrugada tan preciosa como ésa. Afuera, sólo se oye el piar de los pájaros más madrugadores. Acaba de pasar un coche, casi sin hacer ruido. “No te preocupes. Será nuestro secreto. No le diré a nadie que te he visto si tú también mantienes tu boca cerrada… o el tubo de escape, tu sabrás”. Vuelve de nuevo el silencio. Volvemos a estar la luna, los pájaros invisibles y yo. Hay que aprovechar el momento: viviendo en el centro de Murcia una no está acostumbrada a disfrutar de la belleza solitaria de la noche nocturna (bueno, cada vez más diurna). No sé si acostarme: dentro de dos horas sonará el despertador y entonces sí que me será imposible ponerme en marcha. Sin embargo, ahora mismo me siento con ganas de hacer de todo. La noche sigue y sigue aclarándose. ¿Espero un poco más? Hace tiempo que no veo amanecer; mejor dicho, hace tiempo que no observo cómo amanece. Son las 06:19 de la mañana… ¿qué hago?
ercato de que la noche se está aclarando. Aún falta algo de tiempo para que amanezca, pero la noche ya no está tan oscura como la última vez que la miré. Me levanto y asomo la cabeza por la ventana entreabierta. “¡Ah, qué gusto!. Aire fresquito de una noche casi, casi, casi veraniega”. Ahora, me lamento por no ser fumadora. Un cigarrito en esos momentos, teniendo como única acompañante a la luna, sería el plan perfecto para una madrugada tan preciosa como ésa. Afuera, sólo se oye el piar de los pájaros más madrugadores. Acaba de pasar un coche, casi sin hacer ruido. “No te preocupes. Será nuestro secreto. No le diré a nadie que te he visto si tú también mantienes tu boca cerrada… o el tubo de escape, tu sabrás”. Vuelve de nuevo el silencio. Volvemos a estar la luna, los pájaros invisibles y yo. Hay que aprovechar el momento: viviendo en el centro de Murcia una no está acostumbrada a disfrutar de la belleza solitaria de la noche nocturna (bueno, cada vez más diurna). No sé si acostarme: dentro de dos horas sonará el despertador y entonces sí que me será imposible ponerme en marcha. Sin embargo, ahora mismo me siento con ganas de hacer de todo. La noche sigue y sigue aclarándose. ¿Espero un poco más? Hace tiempo que no veo amanecer; mejor dicho, hace tiempo que no observo cómo amanece. Son las 06:19 de la mañana… ¿qué hago? lunes, 27 de abril de 2009
¡¡¡QUÍTATE LA VENDA!!!
Sí, exactamente, tú misma lo has dicho. No fue una buena idea.
Te da miedo la oscuridad, no te gusta estar entre tinieblas (sobre todo, cuando estás sola) y, a pesar de todo esto, decidiste arriesgarte: algo te hizo probar. Dicen que lo mejor para superar tus miedos es enfrentarte a ellos y por eso elegiste ponerte una venda en los ojos para andar a ciegas por el mundo. Al principio te daba risa, te hacía gracia ese gran cambio que le habías dado a tu vida. Era una experiencia nueva que podría tener un capítulo importante en la triste y aburrida historia de tu existencia. Pero sabías que la euforia del momento pasaría y que pronto todos tus miedos volverían a invadirte con fuerza. A pesar de saberlo, de tener demasiada conciencia de ello, no querías pensar. Deseabas dejar la mente en blanco y vivir el momento. Pensabas que era mejor cambiar de táctica aunque el resultado fuera el mismo. ¿Qué más daba sufrir por un motivo o por otro si al fin y al cabo el sufrimiento era el sentimiento del que no ibas a poder deshacerte?.
Te da miedo la oscuridad, no te gusta estar entre tinieblas (sobre todo, cuando estás sola) y, a pesar de todo esto, decidiste arriesgarte: algo te hizo probar. Dicen que lo mejor para superar tus miedos es enfrentarte a ellos y por eso elegiste ponerte una venda en los ojos para andar a ciegas por el mundo. Al principio te daba risa, te hacía gracia ese gran cambio que le habías dado a tu vida. Era una experiencia nueva que podría tener un capítulo importante en la triste y aburrida historia de tu existencia. Pero sabías que la euforia del momento pasaría y que pronto todos tus miedos volverían a invadirte con fuerza. A pesar de saberlo, de tener demasiada conciencia de ello, no querías pensar. Deseabas dejar la mente en blanco y vivir el momento. Pensabas que era mejor cambiar de táctica aunque el resultado fuera el mismo. ¿Qué más daba sufrir por un motivo o por otro si al fin y al cabo el sufrimiento era el sentimiento del que no ibas a poder deshacerte?.
A pesar de todo, aunque has confirmado y reconfirmado mil veces tus dudas, sigues intentando aferrarte a esa venda que lo único que te está haciendo es dejarte una profunda marca en las sienes de lo fuertemente atado que tienes el nudo. Creo que ya te has dado cuenta, sospecho que ya has sentido la revelación que te quiere llevar de nuevo a mirar al mundo a los ojos sin ningún obstáculo que te impida verlo al 100%. Ya sólo te falta entonces encontrar ese nudo y desatarlo poco a poco, con cuidado para que no te lastime en tus heridas y, sobre todo, con paciencia y decisión.
viernes, 19 de diciembre de 2008
CANSADA DE TODO

Sí, estoy cansada.
Cansada de ser una tonta.Cansada de tropezar una y otra vez con la misma piedra.
Cansada de creer en cuentos de hadas.
Cansada de dejar que se rían de mí.
Cansada de permitir que me engañen.
Cansada de aprender la lección y no aplicarla en la práctica.
Cansada de no ser capaz de cambiar.
Cansada de ser masoquista.
Cansada de quejarme y no hacer nada para evitar que suceda lo que no quiero que suceda.
Pero... ¿soy yo la única culpable?. No, claro que no.
Estoy cansada de las personas que te hacen creer cosas que no son.
Estoy cansada de las personas que te traicionan sin que lo merezcas.
Estoy cansada de las personas que te decepcionan.
Estoy cansada de las personas que no son como creías.
Estoy cansada de las personas que se ríen de ti.
Estoy cansada de las personas que te engañan.
Estoy cansada de las personas que destrozan los cuentos de hadas.
Estoy cansada de las personas que te hacen daño.
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