"Todos los LUNES compartiendo mis sueños y pensamientos contigo"
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viernes, 26 de abril de 2013

CUALQUIER TIEMPO PRESENTE...



Recuerdos de momentos olvidados inmortalizados en imágenes fijas, paralizadas durante un breve segundo por el sonido instantáneo de una cámara. Fotografías enviadas a un cajón polvoriento o a la capacidad (de momento, infinita) del ordenador. Instantes que ya habías borrado de tu mente pero que ahora pueden resurgir. Vivencias que guardabas como oro en paño en tu memoria, pero cuya imagen ya empezaba a ser borrosa en ella. Cosas buenas,  no tan buenas, regulares. Personas que conoces y te sonríen desde el pasado mientras te invade la melancolía y desearías a algunas, matarlas y, a otras, abrazarlas o besarlas. Recuerdas todo y te ríes, lloras, te entristeces, te invade la alegría… Muchos sentimientos contradictorios para un mismo momento.

Vuelves a tus fotos, momentos más recientes. Mejores o peores. Alegres o tristes. Divertidos o aburridos… pero son con estos con los de verdad quieres quedarte. Al final, el presente es lo que te hace sentirte orgulloso de la vida que tienes en estos momentos. Al fin y al cabo, todo lo que hacemos en el pasado son pasos que damos, casi sin darnos cuenta, con un solo objetivo: llevarnos al presente, al momento en el que teníamos que estar.

lunes, 20 de julio de 2009

JUGAR CON FUEGO

Sí, así es como te sientes. Te sientes como si jugaras con fuego.

Puede que sea el verano, el calor, la playa, las vacaciones, el tiempo libre, el cambio de ambiente… no sabes bien lo que es. Tienes un lío tan grande en la cabeza que no quieres ni pensar en ello. Lo único que puedes comprender es que estás en una situación delicada. De la noche a la mañana te has convertido en una persona amante de la pirotecnia. O, mejor dicho; no ha sido de un día para otro: tu nueva adicción se ha apoderado de ti debido a un proceso tan rápido que no te ha dado tiempo ni a reaccionar contra él.

Tus alarmas han saltado y las palabras de “peligro inminente” resaltan por todas partes. Pero tú ni las ves ni quieres verlas. Imaginarte el brillo del fuego, su color, su olor y lo que se puede lograr con él consiguen en ti un efecto enfermizo. Y no digamos ya cuando tienes esa gran arma letal en tu poder. Lo sabes, todo el mundo sabe que ser un pirómano no es nada bueno. Que a la larga solamente conseguirá hacerte daño. Pero te has acostumbrado al bienestar que te produce a corto plazo y no dejas de explotar esta nueva sensación que te encanta. No puedes evitar ser un pirómano. Ya es demasiado tarde… LO NECESITAS. Te bastó una sola vez para descubrir que era algo imprescindible en tu vida, casi tanto como el aire que respiras.

miércoles, 1 de julio de 2009

BUSCANDO EL PAPEL EXTRAVIADO

El otro día se me ocurrió meterme en mi habitación a buscar un documento que necesitaba. Después de tanto tiempo… ¡a saber donde estaría!. Pero, como tenía que encontrarlo, revolví todos mis cajones en busca del tesoro perdido.

Para mi sorpresa, en la búsqueda tropecé con cosas que no esperaba: regalos de hace mil años, escritos míos de cuando era una cría que no levantaba dos palmos del suelo y un sin fin de cosas que no sabía ni que siguieran existiendo.

Pero lo que más me impactó fue encontrar un pequeño diario. En él me dedicaba a escribir 4 ó 5 frases de lo que me había pasado en el día y abarcaba un periodo de tiempo de casi un curso entero. Me puse a hojearlo sin poder dejar de sonreír.

Algunas de las situaciones que contaba ni siquiera me sonaban, pero me hacía gracia ver mi forma de escribir y los sentimientos que por aquel entonces tenía hacia personas que me rodeaban o hacia la vida. La felicidad de la inocencia, aunque también la manera de magnificar las dudas y preocupaciones de esos tiempos.

En otras partes del diario, sin embargo, recordaba lo que narraba como si hubiese ocurrido el día anterior. Mientras leía, mi mente se había trasladado a ese lugar y a ese momento.

Podía incluso acordarme de la ropa que llevaba, si estaba triste o contenta, si me dolía la cabeza o si me sentía más fresca que una rosa. Notaba el calor o el frío según la estación o época del año, las cosas que me convertían en la chiquilla más feliz del mundo y lo que me impedía centrarme en los estudios, en dormir, en comer… y hasta en respirar con normalidad sin sentir pequeños vacíos en la boca del estómago.

Mientras leía estas partes del diario, a un ritmo más lento y sosegado, mi mente se adelantaba a los acontecimientos. Sabía lo que iba a pasar a continuación y por eso, casi me sentía con la necesidad de viajar en el tiempo para avisar a la Laura adolescente de lo que estaba a punto de ocurrir.

Pero si eso pudiese suceder, si pudiese avisar a esa chiquilla de que lo que iba a hacer era una tontería y que le daba tiempo a actuar de una manera totalmente diferente, ese diario no tendría razón de ser. Automáticamente, desaparecería de mis manos para no existir o para ser el diario de una persona diferente. Y en cualquiera de los dos casos, la Laura veinteañera tampoco sería la misma y no tendría las escasas buenas y/o malas experiencias que hacen que mire el diario sintiendo algo de nostalgia.