
Buenas a todos, chicos y chicas. Es un placer para mí volver a escribir una entrada en mi blog después de mi súper viaje a Tierra Santa.
Precisamente es de esto de lo que me gustaría hablar, aunque no sé si podré expresar lo que siento con palabras, porque es una experiencia tan bonita e inolvidable que tienes que haberla vivido para saber de lo que hablo.
Lo primero, quiero mostrar mi indignación por todo lo que sale en las noticias y medios de comunicación sobre este territorio, que indudablemente está en continuos y mortales conflictos políticos y sociales, pero no tiene nada que ver con ese miedo que nos quieren meter en el cuerpo. El martes 25 de diciembe, mientras iba en el avión de regreso a España, alguien dejó en mi asiento el periódico del día anterior. Hojeándolo, vi un artículo en el que ponía: "Olvidado el pánico de la guerra Israel-Hizbolá, los peregrinos invaden este año la ciudad donde nació Jesucristo, Belén". Con artículos así no es de extrañar que la gente se asuste y se piense que si vas de viaje allí, lo lógico es que te encuentres en mitad de la calle a personas matándose entre ellas.
Lo que yo he vivido allí durante 9 días no ha tenido nada que ver con eso. Los israelíes y palestinos que he conocido han sido todos en general muy amables y agradecidos con nosotros, siempre buscaban agradar. Además, hay muchísima seguridad en las calles, cada dos o tres metros te encontrabas con policías, algunos vestidos de paisano.
Conocer a gentes de otras costumbres y culturas te enseña mucho, porque te hace reflexionar y ponerte en la situación de otros, te hace ver que no todo es blanco o negro, como muchas veces nuestra sociedad nos quiere hacer ver.
Todavía no me acostumbro a estar en España. Cuando voy por la calle me sorprendo a veces al ver que todo el mundo habla en español. Echo de menos ese precioso lugar y, sobre todo, a unas cuantas personas maravillosas que conocí allí, a las que espero volver a ver alguna vez y con las que me he divertido muchísimo. Este año ha sido la mejor Nochebuena de mi vida.
Precisamente es de esto de lo que me gustaría hablar, aunque no sé si podré expresar lo que siento con palabras, porque es una experiencia tan bonita e inolvidable que tienes que haberla vivido para saber de lo que hablo.
Lo primero, quiero mostrar mi indignación por todo lo que sale en las noticias y medios de comunicación sobre este territorio, que indudablemente está en continuos y mortales conflictos políticos y sociales, pero no tiene nada que ver con ese miedo que nos quieren meter en el cuerpo. El martes 25 de diciembe, mientras iba en el avión de regreso a España, alguien dejó en mi asiento el periódico del día anterior. Hojeándolo, vi un artículo en el que ponía: "Olvidado el pánico de la guerra Israel-Hizbolá, los peregrinos invaden este año la ciudad donde nació Jesucristo, Belén". Con artículos así no es de extrañar que la gente se asuste y se piense que si vas de viaje allí, lo lógico es que te encuentres en mitad de la calle a personas matándose entre ellas.
Lo que yo he vivido allí durante 9 días no ha tenido nada que ver con eso. Los israelíes y palestinos que he conocido han sido todos en general muy amables y agradecidos con nosotros, siempre buscaban agradar. Además, hay muchísima seguridad en las calles, cada dos o tres metros te encontrabas con policías, algunos vestidos de paisano.
Conocer a gentes de otras costumbres y culturas te enseña mucho, porque te hace reflexionar y ponerte en la situación de otros, te hace ver que no todo es blanco o negro, como muchas veces nuestra sociedad nos quiere hacer ver.
Todavía no me acostumbro a estar en España. Cuando voy por la calle me sorprendo a veces al ver que todo el mundo habla en español. Echo de menos ese precioso lugar y, sobre todo, a unas cuantas personas maravillosas que conocí allí, a las que espero volver a ver alguna vez y con las que me he divertido muchísimo. Este año ha sido la mejor Nochebuena de mi vida.