
Me despierto sobresaltada. Un ruido de la calle me ha hecho dar un bote. Mientras intento sobreponerme, recuerdo que estaba en mitad de un sueño. Cierro los ojos para intentar revivirlo pero es inútil. Mientras voy a la cocina a por un vaso de agua, poco a poco me vienen algunas imágenes dispersas, como si fuese el tráiler de una película. Se me escapa una sonrisa. Al final resulta que era un sueño hermoso y no una pesadilla. Me acuesto de nuevo en la cama y oculto mi cabeza con la almohada, intentando así no olvidar el sueño o incluso seguir soñando, para saber lo que iba a ocurrir a continuación...
Veo de nuevo el mar, con sus aguas cristalinas y relajantes, el ruido de las olas rompiendo en la orilla, esa arena fina que se escapa entre los dedos cuando intentas cogerla. Miro alrededor, para intentar identificar el lugar en el que me encuentro: pero sólo está la playa, la arena que se pierde en el horizonte... al igual que el mar. La brisa me azota en la cara y puedo respirar profundamente. Noto como una fuerza invisible me arrastra suavemente hacia la orilla y hace que me meta en el agua. La ropa mojada se hace cada vez más pesada y me empuja hacia el fondo; pero no siento agobio. Acabo de darme cuenta de que esa fuerza no era tan invisible como pensaba en un primer momento.
Sorprendentemente, consigo retomar el sueño, pero prefiero no contarlo porque, si lo hago, no se cumple.