Estaba durmiendo, dando vueltas en la cama. Me tapaba y destapaba sin cesar porque no estaba a gusto de ninguna de las dos maneras... hasta que oí su voz. Esos sonidos que tanto necesitaba escuchar de nuevo perturbando el silencio de casa.
Aún somnolienta, me levanté de un salto y corrí hacia la procedencia de las voces. Y ahí estaba él, con su carita de ángel y su dulce sonrisa. No me lo podía creer. Ya estaba de nuevo con nosotros. "¿Ya ha pasado todo?", recuerdo que pregunté. Y me tiré a su cuello para abrazarle con fuerza. Él, tan inocente, se asustó. No comprendía por qué lloraba. Siempre le pusieron nervioso las lágrimas y, por eso, me las limpiaba fuertemente con el dorso de la mano de forma que casi me hacía daño. "No te preocupes. Lloro porque soy muy feliz", le dije para tranquilizarle y sin poder parar de reír.
Y todo volvió a ser como antes. No, miento, como antes no. Ahora todo era mejor. Él estaba mejor que nunca. Y ese estado de ánimo era contagioso.
Era dos de enero. La mejor forma de comenzar un nuevo año.
Aún somnolienta, me levanté de un salto y corrí hacia la procedencia de las voces. Y ahí estaba él, con su carita de ángel y su dulce sonrisa. No me lo podía creer. Ya estaba de nuevo con nosotros. "¿Ya ha pasado todo?", recuerdo que pregunté. Y me tiré a su cuello para abrazarle con fuerza. Él, tan inocente, se asustó. No comprendía por qué lloraba. Siempre le pusieron nervioso las lágrimas y, por eso, me las limpiaba fuertemente con el dorso de la mano de forma que casi me hacía daño. "No te preocupes. Lloro porque soy muy feliz", le dije para tranquilizarle y sin poder parar de reír.
Y todo volvió a ser como antes. No, miento, como antes no. Ahora todo era mejor. Él estaba mejor que nunca. Y ese estado de ánimo era contagioso.
Era dos de enero. La mejor forma de comenzar un nuevo año.
Ahora es cuando normalmente llegaría el momento de explotar y sacar todo lo que llevas dentro; pero en esta ocasión él va a preferir ayudarte de otra manera. Te conoce mejor que nadie y sabe lo que realmente necesitas. Por eso, te coge del brazo y te lleva de paseo, te arrastra por esas calles que ambos conocéis tan bien porque habéis pasado miles y miles de veces por ellas. La situación te parece cómica: “ahora pretenderá hacerme un recorrido turístico por mi propia ciudad” piensas, riéndote para ti misma. Pero pronto dejas de hacerlo. Ya empiezas a comprender.

Pero peor aún es añorar a alguien a quien ves todos los días, cuando ves que se ríe con otros amigos y tú no estás entre ellos, cuando acude en busca de ayuda y no te llama a ti como lo hubiese hecho antes, cu

