"Todos los LUNES compartiendo mis sueños y pensamientos contigo"

viernes, 3 de junio de 2011

LOS CINCO SENTIDOS



Hoy te he sentido. Es algo que no se puede explicar, que no tiene ninguna lógica, ¿pero es que acaso lo nuestro tiene alguna lógica? ¿No es precisamente eso lo que nos caracteriza? Todo es tan surrealista… y, a la vez, tan real, que hoy he entrado a un local y te he olido. Te busqué con la mirada, porque tu olor no es algo que pueda confundir, pero no te vi. ¿Cómo es posible? Pero tu olor seguía presente y cada vez de forma más intensa, de tal manera que penetraba en mi nariz, a través del OLFATO, a pesar del resfriado que tengo, y entraba dentro de mí de forma tan estrecha, tan íntima… que era como si estuvieses conmigo. Cerré los ojos para aumentar esa intensidad y respiré, aspiré hondo… muy hondo. Y un cosquilleo recorrió mi cuerpo desde el cabello hasta la punta de mis pies. Y en mi cuello lo sentí, lo noté. Era tu aliento que se clavaba en mi nuca de forma tan suave y dulce que creí desmayarme en ese mismo momento. Entonces fue cuando me dejé llevar por un impulso irrefrenable y, con los ojos aún cerrados, llevé mi mano hacia mi cuello. Y allí te encontré. Te sentí. El TACTO de tu boca, de tu nariz, de tu cara, de tu pelo, de tu cuello… eras tú. Solamente podías ser tú. Eso era algo indiscutible. Y entonces te probé de nuevo, dejé que mi GUSTO quedara satisfecho y nos besamos intensamente. Y fue cuando deseé con todas mis fuerzas que ese momento no acabara nunca. Nos separamos despacio, muy despacio, casi como si nos estuviésemos matando el uno al otro, y entonces me hablaste. Oí tu voz. No quise abrir los ojos porque quería volver a escucharte, sentir tus palabras sobre mí como si me estuvieses regalando una dulce y tierna caricia. Mi OÍDO volvió a deleitarse una vez más con el sonido de tu voz. Volví a escucharte y pensé en cómo había podido estar tanto tiempo sin oírte y seguir viviendo tan tranquila, como si nada malo hubiese ocurrido. Tu voz, tu caricia, tu afecto, tu cariño… todo esto me recorrió el cuerpo entero como si de una descarga eléctrica se tratase. Y por fin abrí los ojos. Y entonces te vi. Mi VISTA pudo contemplarte en su plenitud, como si fueses otra persona nueva. Más divino, más celestial… mi dios.


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