Observo que la chica se mueve. Se dispone a bajar en la siguiente parada. Mis elucubraciones se contestarán. Y sin pensármelo me dirijo a la puerta que se encuentra justo al lado de ellos. Por fin puedo oírles hablar:

- Nos vemos esta noche, ¿no? –le pregunta ella mientras le da dos besos de despedida.
- ¡Qué va! Al final viene mi novia a pasar la tarde conmigo –le contesta él.
- Bueno, entonces nos vemos mañana. Y no le des mucho el follón, pobrecica.
Entonces al final… ¡él tiene novia! Él aún tiene un poco de color en las mejillas desde que le ha dicho esa última frase, esa frase lapidaria que, aunque parezca algo absurdo, a mí me ha afectado bastante. Aunque bueno, no es una noticia nueva para ella. Cuando se ha enterado de que no lo va a ver esa noche porque él estará con ELLA, se ha quedado callada unos segundos. No sé si él se habrá dado cuenta de eso, pero yo sí. En todo el viaje no han estado ni un solo segundo callados hasta ese momento. Esa frase que ha terminado rompiendo la magia que había entre ellos. Por suerte, ella ha sabido reaccionar a tiempo, gastándole una broma, y desapareciendo del autobús dejándome con una sensación extraña. Sin demostrarle al mundo su chasco, la rabia y la impotencia.


El resto de la historia, ya lo sabes, hijo mío. Tu padre y yo te la hemos contado mil veces. Cómo empezamos a salir, cómo nos casamos, cómo te tuvimos… pero nunca te había contado que antes de tomar la decisión de estar juntos, di muchas vueltas y mareé mucho a tu padre. Creía que cuando apareciera el hombre de mi vida una señal me revelaría quién era. Que el mundo entero se pararía y solamente el hombre que siguiera en movimiento sería el mío. Pensaba que sonaría una música de fondo que me ayudaría a adivinar que por fin lo había encontrado. No me imaginaba que mi príncipe azul tan sólo se encontraba cada sábado a un par de metros de distancia, esperando a que se diera la situación adecuada para entrar en mi vida y ponerla patas arriba.


