Iba por la calle, agobiada con las cosas que tenemos que hacer y caminando rápido hacia mi casa para ponerme manos a la obra cuanto antes. Me encontraba tan ensimismada en mis pensamientos que a mi cerebro le costó demasiado procesar la información: me acababa de cruzar con alguien que me resultaba familiar pero, cómo no, los escasos metros que me separaban de esa persona me hacían casi imposible distinguirla claramente por cul
pa de mi miopía... ¿Eras tú?. Algo me hacía intuir que, en efecto, se trataba de ti, pero aún no estaba segura. Detuve mi caminar y decidí dar media vuelta para comprobarlo. Al dar un par de pasos pensé que era una locura y volví a dar la vuelta para dirigime de nuevo a casa. En esta situación estuve durante varios segundos interminables (voy, no voy, voy, no voy...), dando vueltas como una peonza y empezando ya a sentir la sensación de mareo. Desde fuera, la escena debía de ser bastante cómica. Al final, mi decisión fue la de satisfacer mi curiosidad pero... ¿y si de verdad eras tú?. Fuí caminando, progresivamente más rápido, hasta que hubo un momento en que no sabía si los latidos de mi corazón se debían a los nervios o a la carrera. Por un lado deseaba que fueras tú y, por otro, esperaba que mi intuición me fallara, porque si mis sospechas se confirmaban no sabría qué hacer. Tenía que doblar la esquina para encontrarte pero parecía como si caminase hacia atrás, como si la esquina estuviera cada vez más lejos.
Por fin giré a la derecha y... vi a lo lejos tu supuesta silueta que se introducía en un coche y desaparecía.
pa de mi miopía... ¿Eras tú?. Algo me hacía intuir que, en efecto, se trataba de ti, pero aún no estaba segura. Detuve mi caminar y decidí dar media vuelta para comprobarlo. Al dar un par de pasos pensé que era una locura y volví a dar la vuelta para dirigime de nuevo a casa. En esta situación estuve durante varios segundos interminables (voy, no voy, voy, no voy...), dando vueltas como una peonza y empezando ya a sentir la sensación de mareo. Desde fuera, la escena debía de ser bastante cómica. Al final, mi decisión fue la de satisfacer mi curiosidad pero... ¿y si de verdad eras tú?. Fuí caminando, progresivamente más rápido, hasta que hubo un momento en que no sabía si los latidos de mi corazón se debían a los nervios o a la carrera. Por un lado deseaba que fueras tú y, por otro, esperaba que mi intuición me fallara, porque si mis sospechas se confirmaban no sabría qué hacer. Tenía que doblar la esquina para encontrarte pero parecía como si caminase hacia atrás, como si la esquina estuviera cada vez más lejos. Por fin giré a la derecha y... vi a lo lejos tu supuesta silueta que se introducía en un coche y desaparecía.

