De nuevo esa sensación, esa opresión en el pecho que me hace dueña de una taquicardia aún controlable. La gota ha colmado el vaso y...ya no puedo más. Odio mi orgullo, esa vocecita interior que hace que me comporte como no debería y que oculta algo mucho peor y mucho más profundo: la cobardía. La debilidad que me nubla los sentidos, la razón, el autocontrol. Escribo movida por la desesperación, porque he intentado hacerme la valiente, la chica autosuficiente e independiente, pero ya no puedo seguir engañándome a mí misma. Escribo aquí, públicamente, delante de todo aquel que quiera leerme, porque no me atrevo a hacerlo de forma privada, porque ya no puedo guardármelo dentro por más tiempo.
Pero no es mía toda la culpa (debes reconocerlo, porque tú también eres demasiado orgullosa: ya sé de quién me viene ese defecto, uno de los innumerables que tengo).

