"Todos los LUNES compartiendo mis sueños y pensamientos contigo"

miércoles, 18 de agosto de 2010

LA MENTIRA DE "LA VERDAD". (INUNDACIONES EN ÁGUILAS, MURCIA)



Despierto el martes 17 de agosto a las 12 y 15 del mediodía. Bueno, en realidad me despiertan. Sólo puedo escuchar: "¿Oíste la lluvia de esta mañana?"... ¡Claro que la escuché!. A las 6 y 15 de la mañana me acosté y di unas cuantas vueltas en la cama. El ruido de la lluvia sobre el techo del porche de mi vecina no me dejó dormir hasta pasado un buen rato. Vuelven a hablarme y me dicen: "Esta madrugada la rambla se ha desbordado, hay inundaciones"... Menuda novedad, -es lo primero que pienso-. Siempre que llueve en Águilas con fuerza la lluvia ha arrastrado al mar troncos secos, todo tipo de basura e incluso hasta algún animal muerto. "Hay 17 coches junto a la plataforma, dentro del mar"... Esta última frase es la que hace que me levante de un salto... ¿¿¿QUÉ???... Será una broma. O no lo habré entendido bien.
Me dan los nervios... ¡Vamos!. ¡Corred, corred!. ¡Veamos lo que ha pasado!.
Es increíble. ¿Cómo la lluvia va a arrastrar un coche mar adentro?. "Nooo. Uno no... 17. Y es posible que haya alguno más en el fondo, debajo de los coches que aún se ven."

Llegamos al lugar. Vemos los coches que aún están en la rambla; los que han conseguido no llegar hasta el mar porque han chocado con las palmeras, paredes, señales de tráfico... o contra otro coche.
Nos hacemos una foto mi prima, mi hermano y yo. Mi hermano, que es autista, no tiene ni idea de lo que pasa. Mira curioso para todos lados porque ve (o intuye) que algo está pasando fuera de lo normal. Quiere irse porque al andar nos quedamos atrapados en el barro. A mí por poco se me rompe la chancla de playa tratando de salir del lodo que nos cubre más arriba de los tobillos.

Águilas, nuestro segundo hogar, el pueblo de nuestra vida (los tres somos de ciudad) está patas arriba.

Nos hacemos una foto para inmortalizar este día tan extraordinario, tan diferente, porque estamos en el centro de la noticia... y yo, que estoy estudiando periodismo, con más interés aún... Pero cerca de nosotros se encuentran periodistas del diario La Verdad de Murcia. En concreto dos, que no demuestran ser muy profesionales y que parecen tertulianos de algún programa de televisión basura que tanta audiencia tienen. Se sirven de un amarillismo sin escrúpulos para ridiculizarnos a los tres. Insisto: MI HERMANO ES AUTISTA y no es consciente de lo que está pasando.
Esta mañana aparecía nuestra foto en este "verídico" periódico para "informar" de que "algunos turistas y veraneantes no dudaron en fotografiarse junto a coches destrozados, como si de una postal veraniega se tratara. En la imagen tres chicos sonríen junto a un vehículo afectado". (Página 5)...

¿¿¿TRES CHICOS SONRÍEN???. Mi hermano no sonríe. Está haciendo estereotipias propias de su enfermedad. Mi prima mira al suelo para no resbalarse, y yo guiño los ojos porque me molesta el sol... ¿¿¿ESO ES REÍRSE???. ¿¿¿ESO ES HACER FOTOS "COMO SI DE UNA POSTAL VERANIEGA SE TRATASE"???.

Que se dediquen a informar con la verdad o que cambien el título del periódico. Y que no vuelvan a sacar fotografías de un chico deficiente, incapacitado y de una menor de edad sin el consentimiento de sus padres.

viernes, 30 de julio de 2010

La novia en el altar (Segunda opción).



Llegó el día tan esperado. El día más importante de su vida. Allí estaban su madre, su tía, su abuela, su otra tía, su prima, la vecina, la amiga de la vecina, la mujer del portero… y otras tres mujeres a las que no había visto nunca. Todas miraban a la novia emocionadas y sin parar de hablar: “Y yo en mi boda…”. “Y fue un día…” las palabras le entraban por un oído y le salían por el otro. La ansiedad la atormentaba. ¿Casarse? Renunciar a la libertad y a la independencia. Tener que dar explicaciones de todo. No poder disfrutar de la vida de forma inconsciente y alocada... no. Este último pensamiento lo desechó rápidamente de su cabeza. En el fondo, no estaba siendo lo suficientemente sincera consigo misma. Durante todo su noviazgo, él siempre le había dado libertad. Sabían organizarse y comprendían que hay momentos para todo: estar con la familia, con los amigos, preocuparse de tu trabajo y tus obligaciones, tiempo libre para ti solo y, por supuesto… tiempo para estar con la persona que amas. Nunca habían tenido problemas al respecto y los dos se respetaban y se daban su espacio. Algo más tranquila miró el reloj que, precisamente, él le regaló cuando estuvieron en Ginebra. ¡Ya es la hora!. Miró en todas direcciones. Tenía la sensación de que le faltaba algo. Su madre se puso a llorar y le dijo lo guapísima que estaba y lo mucho que la iba a echar de menos. La novia se puso aún más nerviosa.
Sin saber muy bien cómo, consiguió llegar hasta el coche. Al arrancar, el pánico volvió a poseerla. No, no podía hacerlo. Era demasiado joven. Y esta decisión tenía que ser para toda la vida. Daba tanto miedo la frase… y mucho más teniendo en cuenta las estadísticas de divorcios y relaciones fallidas que hay en los tiempos que corren.
La llegada a la iglesia interrumpió sus pensamientos. Los invitados la observaban y cuchicheaban. Algunos la miraban como si quisieran darle el pésame. La novia se puso histérica. Le apretó el brazo a su padre, que era quien la iba a llevar hasta el altar. Intentó preguntarle qué ocurría, pero las palabras no consiguieron salir de sus labios. ¡El novio no ha llegado! Claro, pensó, se ha arrepentido. No quiere atarse. En el fondo, es un niño que no quiere crecer y tener responsabilidades. No quiere comprometerse. Los miedos de él han sido más fuertes que el amor que me tiene… No, no y no. Quería alejar todos esos horribles pensamientos de su cabeza. Todas sus dudas eran productos de los nervios. Todo va a ir bien. Vendrá. No es la primera vez que llega tarde. Siempre ha sido un poco desastre para eso.
Vió el coche del novio y su figura desencajada ante su tardanza. Y entonces, la novia sonrió y recordó por qué estaba tan enamorada de ese hombre.

lunes, 26 de julio de 2010

La novia en el altar


Llegó el día tan esperado. El día más importante de su vida. Ese acontecimiento que iba a marcar un antes y un después en su relación. Esa decisión que unía más y más sus caminos. Después de muchos pasos pequeños y sin pausas; de dudas, discusiones y temores pero, sobre todo, de amor, alegría y seguridad, creían que ya era hora de formalizar su relación pasando por el altar.

La novia estaba radiante. No paraba de reír y de llorar. Había acudido en menos de media hora cinco veces al cuarto de baño. Casi todas, se quedaba sentada, apoyaba las manos en la cabeza (con cuidado de no deshacerse el peinado) y respiraba e inspiraba una docena de veces antes de volver a salir. Había mucha gente ayudándola a arreglarse y se estaba agobiando. Miraba el reloj que se encontraba en la mesita de su habitación. Ese reloj se lo regaló él cuando estuvieron en Ginebra. Sonrió al recordarlo. “¡Todas las cosas que he vivido con este hombre!... ¡y esto sólo es el principio!”. Se miró al espejo y se vio vestida de novia. No se podía creer que fuera ella la que llevaba esa preciosidad blanca. ¡Con la de veces que quiso tirar la toalla!. ¡Con todas esas historias que su alocada cabeza se inventó para asegurarse a sí misma de que el amor no existía!. Volvió a mirar el reloj. Odió la estúpida tradición de que la novia tenía que llegar tarde. Y el tiempo no pasaba. Y quería ya por fin verse en el altar cogida de la mano de su marido. “¿Mi marido? ¡Qué bonito suena!”.
Por fin le dijeron que ya podían ponerse en camino. Se metió al coche mientras miraba todo lo que dejaba atrás pensando: “cuando vuelva, dejaré de ser una señorita y seré una señora”. Todo le daba vueltas. Se estaba mareando. Necesitaba parar y poner los pies en suelo firme. Y así sucedió. Llegó a la puerta de la iglesia. Los invitados se volvieron a contemplarla: “¡La novia llegando antes que el novio! Seguro que él se había echado atrás”. Pero ella sabía que no. No tenía dudas. Sólo estaba ansiosa por verlo. Lo echaba de menos. Pero sabía que estaría allí y que se casaría con ella. Porque habían superado muchos obstáculos y seguían estando juntos y amándose. Y eso era lo único que importaba.
Vió el coche del novio y su figura desencajada ante su tardanza. Y entonces, la novia sonrió y recordó por qué estaba tan enamorada de ese hombre.

miércoles, 7 de julio de 2010

TÚ TIENES LA CULPA

No puedo ir por la calle. Todo me recuerda a ti. Estoy en una tienda y ponen alguna de nuestras canciones. Salgo de fiesta con los amigos a bailar, y lo mismo. Paseo por la ciudad y me encuentro a una pareja que se parece a nosotros... podríamos haber sido nosotros... creía que llegaríamos a ser nosotros.

Ahora, encima, se añade el hecho de que podemos encontrarnos en cualquier lugar. Y no me siento preparada para afrontarlo. A solas, imagino ese momento de nuevo: creo en mi mente las mil y una situaciones en las que consigo vencerte, desterrarte de mi vida y de mis pensamientos; pero, ¿luego?. Sólo puedo sentir impotencia, tristeza, melancolía.

IMPOTENCIA por no entender tus motivos. Porque ya que yo no tengo fuerzas para hacerlo, tú eres el que podrías cortar de raíz, ser lo suficientemente... humano como para llegar a mí y ser sincero conmigo. Creo que, al menos, eso es lo que me debes después de todo.

TRISTEZA porque no consigo olvidarte. Porque intento ser racional, volver a ponerme esa coraza que ya una vez me funcionó... pero ahora ya no puedo. Ya es demasiado tarde para mí. Y tú tienes la culpa. Me diste ilusiones y esperanzas y, ahora... ¿pretendes que lo olvide todo? ¿Por qué? Si al menos me dieras una explicación, si me dijeras algo, podría comenzar a pasar página. Pero tu silencio y tu forma de alargar mi agonía sólo me convierten en una cría estúpida que vuelve a creer en cuentos de hadas. Y tú tienes la culpa.

MELANCOLÍA... creo que ya no hace falta explicarte por qué me siento melancólica.

martes, 29 de junio de 2010

EL ETERNO ANHELO DE LA LIBERTAD: La sonatina (100 años después)

La princesa está triste, suspira, ha perdido la risa y el color. Deambula por todas las estancias de palacio. Contempla su silla de oro y recuerda esas épocas en las que podía sentarse horas y horas en ese lugar con una rosa en la mano. A veces, ese obsequio se lo enviaba el príncipe de Golconda; otras veces, era el principe de China; e incluso ¡le enviaba rosas el rey de Ormuz!. Pero ya ni siquiera le importa todo eso. Ahora, se acerca curiosa. Ve un vaso donde una flor está marchitándose. Antes, se hubiera reído por ese olvido. Pero ya no siente nada. No tiene fuerzas. Sólo puede perseguir “la libélula vaga de una vaga ilusión”.



Corre hacia los amplios ventanales. Entra demasiada luz. Echa las cortinas. Se sienta en su silla y cierra los ojos. Se imagina cumpliendo su gran sueño: VOLAR, perdiéndose “en el viento sobre el trueno del mar”. Quien escuchara sus pensamientos, se escandalizaría. ¡Una princesa como ella en un ambiente tan mundano como el mar! ¡Menuda aberración! Pero nadie puede entrometerse en sus pensamientos y, soñando, puede viajar a cualquier lugar. Una tímida sonrisa se le asoma en su pálido y hermoso rostro. Al fin, abre los ojos y mira a su alrededor. Ve las sombras de los objetos, la oscuridad. Recuerda que sigue en palacio y siente una presión en el estómago.

Sale corriendo por los pasadizos secretos. Mirando con mil ojos cada esquina para que ninguno de los lacayos consigan descubrirla. Llega hasta el jardín. “Están tristes las flores por la flor de la corte”. Y es que, si la princesa no las cuida, no crecen con esa hermosura que las caracteriza. Y la princesa lleva mucho tiempo sin prestarles atención. Consigue dejar atrás el jardín y ve a lo lejos la salida del palacio. Ya casi puede tocar con la punta de los dedos los aires de la libertad. Pero, de repente, aparecen " los guardas y el dragón colosal". La miran de forma indiferente. En realidad, a ellos les da igual; pero tienen que ganarse el sueldo.

La princesa está triste. Se deja caer y rompe a llorar. Ya no puede más. ¿Cúando conseguirá volar “a la tierra donde un príncipe existe”? Cada día que pasa, la posibilidad se aleja más. La esperanza y la ilusión se van apagando. Al igual que la flor que se encuentra al lado de su silla de oro. O, incluso, como ya empiezan a hacerlo las flores de su jardín. Su hada madrina le vuelve a repetir: “hacia aquí se encamina el feliz caballero que te adora sin verte, y que llega de lejos a encenderte los labios con un beso de amor”.

viernes, 28 de mayo de 2010

INTENTO DE SONETO AL INSTANTE, PARA PENSAMIENTOS DELIRANTES

Nos vimos en un día muy soleado
Cuando faltaba la felicidad
Me encontraba mal y tú muy cansado
Nos atormentaba la soledad.

Hablando me acordaba del pasado
Tu mirada mostraba caridad
Con mi sonrisa estabas aliviado
Veíamos el amor de verdad.

Y llegó el momento de hablarlo claro
Conocernos fue cosa del destino
Aunque todo nos pareciera raro.

Nuestra historia vendrá en un pergamino
Y rodando sin cesar como un aro
Seguiremos juntos nuestro camino.

domingo, 16 de mayo de 2010

TÚ Y YO


¿Sigo siendo yo? No, no puede ser. No tengo esa sensación. Me levanto y me miro en el espejo. Aparentemente sigo siendo la misma. Pero no, me noto diferente. ¿Otra mirada?, ¿otra sonrisa?… no sé, no es algo concreto. Es… todo y a la vez… nada. Me siento ligera. Muy ligera. Sin pesos que me intenten asfixiar. Mucho más segura. Y sin miedos. Ya no tengo miedos. Y sé que tú eres el culpable. Y por fin me atrevo a decírtelo, a confesármelo a mí misma. A no dejarme arrastrar por esa sensación de miedo que parecía que era algo inherente en mí. Y ahora soy feliz, porque he tomado la decisión de intentarlo. De intentarlo no, de conseguirlo. De luchar con uñas y dientes y contra dragones si es preciso para que seas el rey del reino que tú has construido para mí. Porque el destino, el azar, la casualidad, la coincidencia, la vida… o como quieras llamarlo, no nos ha puesto a uno en el camino del otro por nada. No podemos habernos conocido en el culo del mundo cuando llevábamos tantos años cerca por nada. Lo sé. Ahora lo sé. Y quiero darte las gracias. Mil veces gracias. Infinitamente gracias por todo. Y porque aunque pienses que hemos perdido el tiempo yo en realidad creo que todo ha ocurrido en el momento oportuno.